Después de cuatro temporadas en la soleada Miami, LeBron James regresaba a casa. Era 2014. Cleveland Cavaliers empezaba a diseñar una plantilla en torno a su hijo pródigo, atendiendo a sus deseos y necesidades. Sacrificaron al prometedor Andrew Wiggins para convertir a Kevin Love en uno de sus escuderos. El otro, muy superior al anterior, ya estaba en el vestuario.

Sin embargo, para sorpresa del propio James, de la franquicia y de toda la ciudad, Kyrie Irving ha dicho basta. No importan los anillos, las tres finales consecutivas, el acompañar a uno de los más grandes de todos los tiempos. Irving quiere ser un jugador franquicia. Sabe que lo sería en muchas partes, pero nunca compartiendo camiseta con LeBron.

Una persona del entorno del todavía base de los Cavs explicó sus motivaciones al periodista Stephen A. Smith en The Undefeated. Sencillamente, Irving ansía “dejar de ser el hijo de LeBron”. Lógico, para alguien que en las finales del 2016 promedió 27,1 puntos (el triple del campeonato incluido) y en las de esta temporada ascendió hasta los 29,4.

En las últimas semanas, diversas franquicias han sonado como destino para Irving. La que más empeño está poniendo es Phoenix Suns. Un equipo muy joven, con proyectos sin techo como Devin Booker o el rookie Josh Jackson. ¿El problema? Que los Cavaliers quieren al propio Jackson en el paquete, mientras los de Arizona no barajan esa posibilidad. Por ahora, entregan piezas insuficientes.

Tal vez lleguen a un acuerdo. O quizás se entrometa otro equipo. En cualquier caso, a día de hoy es inimaginable volver a ver a Kyrie Irving anotando o asistiendo en su rol de “hijo de LeBron”.

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