Que Paul George va a jugar a partir del verano del 2018 en Los Ángeles Lakers lo saben hasta en Oklahoma, la ciudad que celebró por todo lo alto la llegada del alero en un traspaso sorprendente. Está escrito desde enero del 2017, quizás antes, cuando George le hizo saber a Larry Bird que no iba a firmar un nuevo contrato con los Pacers porque quería irse al mayor enemigo del Pajarraco en su época de jugador. Cuando acabe su actual contrato, PG13 firmará uno nuevo y muchimillonario con la franquicia de oro y púrpura. Eso si la NBA no lo impide apelando a una de las reglas más obsoletas que puedan existir.

Tratemos esto como una película romántica. Paul George vive un matrimonio fallido con su primera novia, la mujer de toda su vida (los Indiana Pacers, terriblemente despechados). La separación no es muy amistosa que digamos. Los Pacers tiran las cosas de George por la ventana, desprecian ofertas de traspaso mejores y acaban aceptando una de los Oklahoma City Thunder. Entra en escena Russell Westbrook, en esta historia de amor: la amiga de Paul George con derecho a roce. La que le va a acoger un tiempo en su casa para sobrellevar la realidad de que aún no puede estar con su pareja ideal (los Lakers). Con Westbrook y en los Thunder, Paul George va a pasar un añito compitiendo por ser entre el cuarto y el séptimo equipo de play offs en el Oeste. Pero la relación no es seria y ambos lo saben.

La analogía coge cuerpo porque, al igual que George, Russell es de la zona de Los Ángeles y sabe que los ojitos de Paul sólo tienen un dueño: los Lakers. Y los Lakers, seductores que se saben atractivos de nuevo tras años de penurias, lo aprovecharon. La llegada de Paul George a la franquicia angelina es un secreto a voces aplazado hasta las 12.01 del próximo 1 de julio, cuando se puedan fichar agentes libres. Todo el mundo lo sabe, incluida la propia NBA, que tiene normas para evitar este tipo de negociaciones.

Retrocedamos a lo del despecho de los Pacers. El equipo de Indiana, que escogió a Paul George en el draft, lo moldeó para convertirlo en uno de los mejores aleros de la Liga, lo cuidó cuando se rompió la pierna con la selección estadounidense, le firmó su contrato multimillonario de superestrella, la franquicia en el estado con más tradición de baloncesto… En fin, que están cabreados desde hace tiempo. Rechazaron o bien no hicieron nada por buscar ofertas de serios contendientes al anillo para castigar a George, y aceptaron un traspaso modesto con Oklahoma por Sabonis y Victor Oladipo.

Y ahora, los Pacers atacan pidiendo una investigación a la NBA porque consideran que los Lakers violaron la norma que impide negociar con jugadores bajo contrato. El famoso tampering. Una norma tan obsoleta como larga es la existencia de móviles, redes sociales, etc. Vivimos en una época de hipercomunicación y en la que las estrellas de la NBA pasan tiempo de ocio y entrenos juntos, en los que difícilmente hablarán de la paz den Oriente Medio, sino de cómo ganar anillos juntos. Magic Johnson y Rob Pelinka sustituyeron a Mitch Kupchak, un ejecutivo de la vieja escuela que todavía respetaba ciertos códigos. Pero la vieja escuela se estaba viendo superada y a los Lakers le adelantaban por la derecha para borrar su mítica aureola que le permitía atraer a los mejores jugadores.

Pelinka (un agente superpoderoso metido a mánager general) y Magic Johnson (la mejor sonrisa del showbusiness) no tienen tiempo que perder en códigos de conducta pre-internet. Y menos si LeBron James está en el horizonte inmediato junto a Paul George. La NBA está mirando el asunto y el pánico en los Lakers es que Magic haya mandado algún mail con su cuenta @lakers.com a Paul George o su agente y pueda ser acusado formalmente. A fin de cuentas, ya confesó más o menos públicamente que lo estaba haciendo. Es la única manera de frustrar la historia de amor perfectamente guionizada entre los Lakers y Paul George.