Existen dos frases célebres relacionadas con apuñalamientos. Una es «¿Tú también, Bruto, hijo mío?», pronunciada por Julio César al ver cómo su protegido colaboraba en el magnicidio urdido por los conjurados del senado. Era el año 44 antes de Cristo. La otra es «Me llevo mis talentos a South Beach», el eufemismo con el que LeBron James acuchilló el corazón de los aficionados de los Cleveland Cavaliers cuando abandonó la franquicia de su Ohio natal para jugar en Miami Heat. Era 2010. Ahora el mejor jugador de baloncesto del mundo se prepara para, ocho años después, anunciar otra decisión. Y hay quien asegura que ya está tomada.

El respetado columnista Peter Vecsey acaba de anunciar que James jugará en Los Ángeles Lakers en la temporada 2018/2019. En un artículo disponible para suscriptores de su Patreon afirma estar «públicamente terminando la pandemia de especulación que rodea los planes para jugar de LeBron James más allá de esta temporada». Tan confiado está el veterano periodista que se viene un poco arriba: «¡Estoy erradicando toda conjetura e incerteza! Me siento capaz de afirmar inequívocamente que LeBron abandonará los Cavaliers por segunda vez y se unirá a los Lakers para devolver el equipo al estatus que corresponde a su historia».

Lo que hace Vecsey es afirmar una especulación que, cada vez con más carga de verdad, viene circulando por los mentideros de la NBA desde hace tiempo. Con los pasados playoffs aún en disputa, Bill Simmons y Kevin O’Connor abrían el pastel en The Ringer. Y recordaban que un año antes Adrian Wojnarowski (por entonces en Yahoo y no en ESPN como ahora) deslizaba que, habiendo regresado como hijo pródigo a Cleveland tras hacerse campeón en Miami, y logrado por fin el primer anillo en la historia de la franquicia de los Cavs, LeBron había saldado su deuda. Ahora podría volver a pensar en sus intereses particulares.

¿Y qué es lo que quiere LeBron James? Pues, por ejemplo, se dice que satisfacer el deseo de su mujer de volver a vivir en un clima cálido. La casa que poseen ya a media hora de camino del Staples Center, sede de los Lakers, parece propicia para el bronceado californiano. Al 23, hombre-empresa a tiempo completo, tampoco le vendría mal instalarse en un mercado, el de la gran ciudad del oeste, mucho mayor que el de Ohio. Y, por supuesto, volver a cobrar un contrato adecuado a su talento.

También hay razones deportivas. Pese a todos los logros de su carrera, es cierto que las camisetas de Heat o Cavs no poseen la mística de las grandes franquicias históricas de la NBA. Allí, bajo el abrigo de una leyenda como Magic Johnson, jugando bajo 16 banderas de campeón y los números retirados de Chamberlain, West o Kareem, King James podría vestir su reinado con la heráldica de una de las casas más prestigiosas. Y, para terminar, en los Lakers hay por fin un plan para la vida post-Kobe Bryant: con potencial joven (Lonzo Ball, Ingram, Randle, Nance Jr.) y el (problemático) fichaje anticipado de Paul George. Además, persiste la posibilidad de atraer de algún modo a L.A. a viejos colegas como Wade o Anthony, o puestos a forzar el límite salarial, a futuras leyendas como Westbrook.

¿Qué suponen también los Lakers? El reto más complicado. LeBron monopoliza la representación de la Conferencia Este en las Finales de la NBA desde hace años. Pese al crecimiento de Boston con los fichajes de Irving y Hayward, la inminente consagración de los Bucks de Antetokoumpo o la amenaza (nunca concretada) de Raptors o Wizards, el equipo de James es siempre el favorito. Aunque los Cavs hayan sustituido al descontento Kyrie por un lesionado Isaiah Thomas y un perdido Derrick Rose, aunque Kevin Love haya ejercido mejor de tercera que de segunda opción, cuesta apostar contra ellos.

Pero al otro lado del país la cosa cambia. Llegar a la final supone imponerse al mejor equipo de la NBA, Golden State Warriors, y a la enorme concentración de talento de aspirantes como Spurs, Rockets, Clippers, Wolves o Jazz. Se trataría de una prueba enormemente exigente en el tramo final de una carrera que, si las leyes de la naturaleza son consecuentes con James, debería empezar a declinar.

Quizás lo que LeBron busca en los Lakers es transmitir un legado. Restituir la gloria de una franquicia achacosa apadrinando sucesores, diluyendo poco a poco su responsabilidad en otros mientras camina hacia la retirada. Kyrie Irving lo abandonó porque James brilla más que nadie. Quizás en Los Ángeles aprenda a dejar de proyectar su sombra y comience a irradiar su experiencia.

O, por una vez, LeBron James podría conformarse y otear el ocaso desde ese Ohio en el que nació. Sucede que el sol siempre se pone por el oeste.

 

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