La NBA está viviendo su época dorada en lo que a repercusión mundial se refiere. Como no podía ser de otra forma, esto se ha traducido en un megacontrato televisivo que ha dejado llenas las arcas de todas las franquicias y aumentado de forma exponencial el tope salarial. Muchos jugadores de la clase media cobran ahora como estrellas y, consecuentemente, las estrellas actuales ingresan en cinco años lo que las estrellas de los 80 y 90 lograban a lo largo de toda su carrera.

El próximo en firmar uno de estos desorbitados cheques será Andrew Wiggins. El jugador de los Timberwolves terminaba su contrato rookie el próximo verano, pero la franquicia de Minnesota no dejará que salga al mercado. Las partes han llegado a un acuerdo, que será oficial en los próximos días, por el máximo que le corresponde por su estatus en la NBA: 148 millones de dólares en los próximos cinco años.

Los Wolves se han renovado para regresar a playoff después de 13 años en blanco y se ponen en manos del alero para cumplir el objetivo. Mandaron a Ricky Rubio a los Jazz e hicieron uno de los movimientos más importantes con la incorporación de Jimmy Butler y posteriormente Tag Gibson, dos de los hombres fuertes de Tom Thibodeau en Chicago. Un all-star consolidado, además, en el caso del primero.

El reto para Wiggins es doble esta temporada. Primero superar la presión de su nuevo contrato y la de tener que liderar a la franquicia en el plano colectivo, pero también terminar de explotar como estrella a nivel individual.

Desde su llegada a Minnesota en el traspaso de Kevin Love a los Cavaliers, el que fuera número 1 del Draft de 2014 ha puesto sobre la mesa más potencial que números reales, siendo superado en puntos, rebotes y asistencias por otro de los jóvenes valores de los Timberwolves como Karl-Anthony Towns.

No Hay Más Artículos