El sueño de Dwayne Wade duró apenas un año. Siendo originario del estado de Illinois, con 34 años y tras presenciar el apogeo de Michael Jordan al lado de casa, siendo ya profesional un escolta de la vieja escuela (físico espectacular, uno contra uno imparable, agresor del aro, sentido de la oportunidad para meter la canasta decisiva) para imitar al ídolo, la ocasión de cerrar una carrera de leyenda en los Chicago Bulls era demasiada bonita para ser cierta. Poco funcionó en su única temporada en los Bulls, y hace unos días Wade y la franquicia firmaron la desvinculación. E inmediatamente Flash se convirtió en una pieza codiciada. ¿Dónde jugará Wade esta temporada que está a punto de comenzar? Pero, sobre todo: ¿cuánto debería preocuparnos?

Wade ya está lejos de ser el jugador decisivo de hace años. Lastrada su explosividad por el paso del tiempo y las lesiones, con dificultades para mantenerse en el peso ideal, el tres veces campeón con los Miami Heat y MVP de la final del 2006 ha bajado un par de escalones en su nivel de juego. Por momentos tampoco parece importarle: en Chicago ha dejado un sabor agridulce por no haber sabido inculcar ética de trabajo a los jóvenes y por momentos estar pendiente de sus otros negocios fuera de la cancha. La evolución actual del juego en la NBA le ha pasado a Wade por la derecha: sin un tiro de tres consistente y demasiado lento para defender lejos del aro, sufre para marcar las diferencias como escolta clásico, que basa su juego en sobar la pelota, tiros de media distancia y posteando. Las antípodas del ritmo actual en la NBA.

En su defensa, el proyecto de los Bulls parecía destinado al fracaso. Rajon Rondo era una bomba de relojería en el vestuario (se enfrentó a Wade abiertamente por las críticas de éste a los más jovenes). Su sociedad con el base y Jimmy Butler tenía el problema de que los tres necesitaban el balón en sus manos y ninguno es un excelso tirador. Mirotic fue un desastre, McDermott fue traspasado y nada de lo que vino de Oklahoma por él y Taj Gibson aportó. La salida de Butler hacia Minnesota era el anticipo del adiós de Dwayne Wade, toda vez que los Bulls se encaminan a un año de ese tanking que tan poco le gusta a la NBA. Wade tenía una opción en su contrato para renovar por 24 millones de dólares, un contrato desorbitado para su realidad y lo que los Bulls necesitaban. Llegaron a un acuerdo por 16, Wade perdonando 8 millones, y adiós muy buenas.

No es que Wade necesite ese dinero. Ha ganado 196 millones en sueldos en toda su carrera y tiene un lucrativo contrato con una marca deportiva china. Lo mínimo que un equipo de la NBA le tiene que pagar por convenio es 2,3 millones de dólares. A partir de ahí, se supone que Wade elegirá el mejor equipo para buscar un nuevo anillo de campeón. Desde el momento en que se liberó de su contrato con los Bulls, la prensa estadounidense señala a Miami, San Antonio, Cleveland y Oklahoma como destinos preferidos del escolta.

Miami no hace sentido, aunque sea el que más le puede pagar de los cuatro. Los Heat no podrán optar al anillo esta temporada y no tiene pinta de que en el corto plazo. Por otra parte, Wade es amigo íntimo de LeBron James y eso le acerca a Cleveland. Pero el futuro de el Rey en los Cavaliers es incierto, y eso puede hacer dudar a Wade. Los Spurs ya tienen una cota de veteranos muy amplia y cara (Parker, Ginóbili, Gasol) como para añadir uno más, con ciertas ínfulas además. La llegada de Wade a OKC sería ya la jugada maestra de Sam Presti, el mánager general de los Thunder, tras conseguir a Paul George y a Carmelo Anthony (otro amigo muy cercano al ex de Miami y Chicago). El futuro de Wade depende de su elección pero también de la actitud que tome en su nuevo destino. Sólo así podrá volver a ser determinante en un rol diferente.