El deporte universitario en Estados Unidos es mucho más que la cantera de las grandes ligas profesionales. Su seguimiento por el gran público es inmenso y las televisiones ya pagan millonadas por retransmitir la NCAA, la primera división nacional. Y claro, donde haya dinero siempre habrá gente dispuesta a llevarse una parte a toda costa.

Hace años que hay un gran debate en América sobre si los deportistas universitarios deberían cobrar. Durante su formación, los jugadores compiten para su escuela de forma gratuita, más allá de las becas que puedan recibir, mientras entrenadores y la propia universidad firman grandes contratos. Esto en la teoría, porque en la práctica siempre ha habido sospechas, algunas que se llegaron a confirmar, de que había jugadores que recibían ‘dinero en B’, u otro tipo de favores, para decantarse por una universidad.

Todo ese mundo subterráneo nos lleva al presente, con el FBI destapando un escándalo de sobornos que ha terminado con diez personas detenidas en el ámbito del baloncesto universitario. Cuatro entrenadores asistentes, uno de ellos Chuck Person, que jugó más de 10 temporadas en la NBA, y también James Gatto, ejecutivo de la marca Adidas, además de varios agentes y asesores financieros.

Tanto la NCAA, como Adidas, como las propias universidades, declararon no tener ningún conocimiento de estas actividades que consistían básicamente en dos vías de soborno. Una de ellas desde los entrenadores, que utilizando su influencia recomendaban ciertos agentes y asesores financieros a los jugadores. No por una cuestión de méritos o que porque fuera mejor para ellos, sino por haber recibido previamente un pago de la parte interesada.

Además también se han recogido pagos a los jugadores o a sus familias para que eligieran una universidad cuyo programa deportivo estaba patrocinado por Adidas. Con vistas al futuro, el jugador también se comprometía a seguir con la marca en cuanto llegara a ser profesional, en este caso, a la NBA.

El fiscal Joon H. Kim fue muy claro en su exposición de los hechos: “La imagen del baloncesto universitario en este caso no es demasiado buena. Entrenadores de algunas de las mejores universidades del país aceptando sobornos, agentes y consejeros acosando como coyotes a jugadores y grandes marcas deportivas filtrando dinero a familias de jugadores de instituto. Tratan a los chicos como simples oportunidades para enriquecerse de forma fraudulenta”.

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