Hay una forma muy sencilla de definir la sensación que produce Joe Lacob al verlo actuar y hablar. Bueno, sencilla si habéis visto Billions, la serie del enfrentamiento shakespeariano entre un billonario y un fiscal de Estados Unidos. En la segunda temporada de la serie, el billonario protagonizado por Damian Lewis tiene otro archienemigo al que tampoco es que le preste mucha atención, otro muchimillonario llamado Todd Krakow. Krakow es bajito, pedante y chulesco en una manera que lo suelen ser aquellos que ahora dominan desde una posición de poder económico a aquellos que en otro tiempo le humillaban por ser bajito, pedante y quizás demasiado tímido. Si os parece demasiada compleja la referencia, pensad en el Artie Ziff de los Simpsons. Joe Lacob es el Artie Ziff de la NBA. No es Steve Ballmer, desde luego no es Marc Cuban, es el hombre que de querer ser tan cool, produce justo el efecto contrario.

Joe Lacob estuvo muy cerca de acabar con la actual era de dominación absoluta de los Golden State Warriors (estamos en el año 3 de no se sabe muy bien cuántos). El mismo hombre al que le tocó la lotería haciéndose cargo de una franquicia que casi nadie quería y ayudó a refundarla (y con ella todo el área de Oakland, víctima de la mayor gentrificación de Estados Unidos en los últimos años) pudo ponerle fin a su suerte gracias a esa actitud de tío molón que no le sale nada bien. Así lo refleja el libro Golden, del periodista Marcus Thompson, que ha acompañado el crecimiento de los Warriors y, sobre todo, de Stephen Curry en los últimos años.

Un extracto del libro publicado por la web The Athletic revela que Lacob quiso ofrecer a Curry una renovación a la baja este pasado verano. Recordemos: Curry, el base que ha cambiado la NBA estos últimos años, el mejor tirador de la historia, dos veces MVP de la liga, dos veces campeón de la NBA, icono mundial y una de las marcas más reconocidas del planeta, el jugador que más camisetas vende, etcétera etcétera.

Según el libro de Thompson, Curry pasó por momentos de dudas la pasada temporada con la llegada de Kevin Durant, la maquinaria de la publicidad de Nike y la pérdida de cierto protagonismo en el equipo. Además, el propio entrenador, Steve Kerr, señaló a Durant, LeBron James y Kawhi Leonard como la élite de la NBA, lo que pudo dañar el orgullo de Curry. “Encima de todo eso, cuando los Warriors se preparaban para los play offs, el propietario Joe Lacob estaba pensando en ofrecer a Curry un contrato por debajo del máximo, a pesar de que Curry había sido uno de los jugadores peor pagados de todos los deportes en los últimos tres años. El mánager general de los Warriors, Bob Myers, impidió que Lacob presentase una oferta baja en la mesa, pero fue suficiente para que Myers recordase a Curry del compromiso de la franquicia”, se puede leer en Golden.

Bob Myers, tipo sensible que se unió a Kerr en el dolor de perder a un miembro cercano a la familia, demuestra ser un tipo cabal al lado del megalomaníaco Lacob, que parece que se quería aprovechar de lo poco agresivo del perfil social de Curry para pedirle ganar menos dinero y así poder seguir exprimiendo la muy rentable teta de los Warriors, que valen ahora 4 veces más que cuando los compraron y tendrán en breve un nuevo pabellón que incrementará aún más su valor. Curry era una ganga para Lacob: el contrato que firmó tras sus años de rookie era muy bajo para lo que después se convirtió en uno de los mejores jugadores de siempre. Los problemas de tobillos de Curry levantaban dudas sobre su futuro a largo plazo, y el contrato reflejaba esas dudas.

Pero Curry se convirtió en Curry y cobraba como un jugador de nivel medio. Ahora cobrará 201 millones de dólares los próximos 4 años y nadie duda que los merece (ni siquiera LeBron James). Lacob, que llegó a atribuirse el mérito de las históricas 73 victorias de hace dos temporadas por su estrategia de inversor capitalista, que llegó a asegurar que los Warriors estaban a años luz de cualquier otra organización y que llegó a insinuar que tuvo sexo con el trofeo de campeones de la NBA, pensaba que podía pedir un sacrificio más a Curry. Menos mal que no lo hizo, porque la historia de los Warriors podría haber cambiado con un solo gesto.