Aunque no es sin tiempo, el sol comienza a salir en los Philadelphia 76ers. Después de ser el hazmerreír de la NBA en los últimos años, la franquicia está lista para completar la última fase del ya por todos conocido como ‘The Process’, tal y como nombró Sam Hinkie, ya ex general manager, a la estrategia de tirar por la borda varias temporadas con la esperanza de algún día volver a ser competitivos.

Ese día parece haber llegado. Y tiene profeta: Ben Simmons. El alero australiano, elegido el año pasado en el número uno del draft, se perdió toda su primer curso tras romperse un pie en pretemporada. Estaba llamado a cambiar por completo a los Sixers y su lesión parece que no ha hecho más que retrasar lo inevitable.

Porque Simmons ya está recuperado y en sus primeras apariciones sobre el parqué no está decepcionando. A pesar de su estatura (2,13 m.) se trata de un jugador capaz de producir en todos los aspectos del juego. En su estreno ante los Grizzlies firmó seis puntos, siete rebotes y nueve asistencias en apenas 22 minutos de juego, lo que deja bien a las claras el impacto que puede suponer su presencia para el equipo.

En la pasada madrugada ante los Celtics volvió a dejar buenas sensaciones y se ha empeñado en hacer mucho ruido en una NBA que está a punto de comenzar. El principal enemigo, de nuevo, serán los problemas físicos. Porque además de Simmons, los Sixers tienen un núcleo joven llamado a dominar la liga en los próximos años, pero sólo si las lesiones se lo permiten. Embiid, número 3 del draft, en este caso de 2014, también se perdió sus primeros años y la temporada pasada tuvo que parar por molestias en la rodilla. Y Markelle Fultz, primera elección de este año, ya ha coqueteado con las lesiones durante el verano.

Teniendo en cuenta el talento emergente en Philly, y el desierto en el que se ha convertido la Conferencia Este, en la que más allá de Cavaliers y Celtics no hay certezas, parece el momento de que los Sixers vuelvan a honrar una camiseta que llevan arrastrando por el sótano de la NBA casi un lustro.