Aun sin ganar un título, hay formas de satisfacer a una afición. Por ejemplo, dotando a una franquicia de identidad. “Nunca habría habido siete apariciones seguidas en los playoffs, la increíble electricidad en el los partidos de casa del FedExForum, el Grit and Grind (Lijar y pulir) y el Believe Memphis (Cree, Memphis), sin la contribución al equipo de Tony Allen“, proclamó el general manager de los Memphis Grizzlies Chris Wallace. Era su manera de anunciar que la franquicia piensa honrar con la retirada de su emblemática camiseta número 9 a Tony Allen, actual escolta de los New Orleans Pelicans, y personaje de culto en la NBA.

Allen, todo pundonor, es el ejemplo viviente de cómo triunfar cuando uno es consciente de sus limitaciones. Tal vez no se podría haber dedicado al baloncesto si el juego consistiese solo en encestar. Por fortuna para él, alguien tiene que hacer siempre el trabajo sucio de impedir las anotaciones del rival. Y ahí, en la defensa, Tony encontró su misión. La practicó con denuedo, con una intensidad casi ridícula, estableciendo un modelo de compromiso con el esfuerzo que el público de los Grizzlies abrazó como santo y seña del equipo.

A cada partido Allen llevaba (figuradamente) la lija y la pulidora del grit and grind, pero también la maza, la pala, el berbiquí y cualquier utensilio destructivo propio de un tipo duro como él. Duro, pero sentimental. Al saber de las honras que su antigua franquicia le piensa tributar, se emocionó hasta la lágrima.

Intentando esconderse tras una capucha, Tony Allen solo acertaba a repetir “trabajo duro”, como explicación a este homenaje de su exequipo: “Nunca quise hacer cosas que me dieran notoriedad, nunca quise salir en la prensa, en las revistas. “Solo quería ser conocido por ser uno de los mejores defensores que hayan jugado al baloncesto”, añadió.

El propietario de la franquicia, Robert J. Pera, reconoció que “Tony jugó con un nivel de pasión sin igual, ayudando a establecer una cultura grizzly centrada en la dureza y el esfuerzo”. Algo que contagió a compañeros antaño indisciplinados como Zach Randolph, ahora en Sacramento Kings, y que entregó a Memphis sus mejores años. La camiseta 50 de Z-Bo también será elevada a lo alto del pabellón.

Los Grizzlies comienzan a mirar al pasado reciente porque su presente inmediato en la durísima Conferencia Oeste no parece muy esperanzador. Solo la presencia de Mike Conley y Marc Gasol impide pensar que el equipo está iniciando una reconstrucción, aunque eso podría cambiar a lo largo de la temporada en función de los resultados. Mientras tanto, con enorme nobleza se acuerdan de distinguir a aquellos que ayudaron a hacer reconocible una de las últimas franquicias en incorporarse a la liga.

El vídeo de highlights de Tony Allen que va a cerrar este artículo puede resultar enormemente aburrido. Se trata de un compendio jugadas defensivas que lo definen. Podríamos poner otros, que también los hay, con sus fallos garrafales. Pero el hombre se ha ganado una camiseta retirada y un respetito.

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