Hay un fenómeno muy extraño y muy años 90 cuando un jugador europeo veterano como Milos Teodosic decide aventurarse en la selva de la NBA. Por un lado, llega el escepticismo: qué esperar de un rookie de 30 años que parece no haber cogido una pesa en su vida, chistes más o menos pre-caída del Muro de Berlín sobre higiene y/o hábitos tabaqueros, comentarios de instituto sobre lo pasado de moda de su peinado, etc. Por otro lado, un enamoramiento un tanto naif y que dice tanto o más sobre la pérdida de esencia del baloncesto desde tempranas etapas en instituto y universidad que un elogio en sí a la calidad indudable del sujeto en cuestión. Pasó con Arvydas Sabonis, y pasa ahora con Milos Teodosic.

El base serbio es un regalo para los ojos y han bastado unos pocos minutos en partidos de pretemporada para que conquistase la NBA. Bueno, al menos sus vídeos de highlights, que se repiten en webs especializadas y cuentas de Twitter como si hubiese inventado el pase. Y no es porque no sean espectaculares, ni mucho menos. Pero no deja de ser curiosa esa fascinación con lo europeo que sobreviene en Estados Unidos con este tipo de jugadores. Y Teodosic es un regalo para ellos, como quien alaba un vino francés desde su aburrido suburbio de Arizona. Quienes conocen más profundamente a Teodosic dudan ante la defensa del base serbio, su reticencia a tirar en ocasiones y sus hábitos perezosos a los que podía aferrare cuando era la superestrella en el Olympiakos o en el CSKA.

Ahora no podrá hacerlo en los Clippers, huérfanos de Chris Paul pero con un equipo bien apañado (Patrick Beverley, Danilo Gallinari, Sam Dekker en ayuda de los Griffin y DeAndre Jordan), para seguir luchando por entrar en los play offs en el baño de sangre que será la Conferencia Oeste. Teodosic puede salir desde el banquillo para jugar 20 minutos de calidad ante segundas unidades rivales, y sufrir menos en defensa. O puede jugar los minutos importantes con Berverley atendiendo al base rival cuando los Clippers le necesiten. En cualquier caso, la NBA  estará pendiente de cada pase de contragolpe lanzado a 20 metros a cuchara, o cada pase por la espalda en parado y en diagonal, o a su conexión telepática con DeAndre Jordan creando ángulos nuevos para un alley oop. “no es coincidencia que cuando Milos está en pista, DeAndre se convierta en Usain Bolt, porque sabe que quiere darle el balón”, explica Doc Rivers, este año sólo entrenador de los Clippers, y no mánager general.

Teodosic es una belleza caótica en movimiento para los Clippers tras una etapa (la de Chris Paul) de estajanovista ballet coreografiado. Una fascinación sofisticada como la que los estadounidenses presumen de muchas cosas europeas para un público muy receptivo.

No Hay Más Artículos