Toca conformarse. San Antonio Spurs anunció un acuerdo para extender el contrato de LaMarcus Aldrige hasta la temporada 2020/21 por un total de 72,3 millones de dólares en tres años, entre los que se contabiliza la opción de 22,3 millones con la que contaba el jugador para la próxima campaña. Es sabido que los texanos habían incluido al ala-pívot en conversaciones de traspaso para reforzarse durante el verano (intentaron hacerse con Chris Paul), a la postre infructuosas. Es sabido también que Aldrige no acaba de encontrarse a gusto con su rol a la sombra de Kawhi Leonard, pero su rendimiento tampoco seduce a otras franquicias.

Así que equipo y jugador se han visto condenados a entenderse porque ni uno ni otro tienen opciones mejores.

LaMarcus Aldrige ocupa el puesto 45 en la lista de mejores jugadores de la NBA que elabora anualmente ESPN, una clasificación tan arbitraria como cualquier otra. Lo significativo es que la temporada pasada su lugar era el número 23. En el verano de 2015, cuando San Antonio Spurs logró imponerse a un buen puñado de franquicias que anhelaban contar con la estrella de Portland Trail Blazers, el ala-pívot estaba en la posición 13 y formaba parte, sin discusión, de la élite NBA. Hoy, la percepción es muy diferente.

Aldrige ha defraudado las expectativas de quien quiso ver en él un relevo para Tim Duncan. Su desempeño defensivo está muy lejos de equipararse al del legendario 21 y su rendimiento ofensivo ha decaído respecto al de casi una década en Portland. La prueba del algodón estuvo en los últimos playoffs, donde apenas anotó 16 puntos por partido, la media más baja de su carrera y de ningún modo fue capaz de elevarse al estatus que le correspondía en la franquicia cuando Kawhi Leonard cayó lesionado.

El periodista de The Ringer, Shea Serrano, fan acérrimo de San Antonio, resumía así la desesperación del aficionado con el jugador durante las eliminatorias: “Buena racha para LaMarcus: un mate fallado, una bandeja fallada, otra bandeja fallada. Tiene el contrato más alto. Guay, guay, guay”.

Necesitados de renovación, pero obligados a competir por el título al contar con Leonard, uno de los cinco mejores jugadores de la liga, los Spurs están en una encrucijada. Les cuesta salir al mercado y encontrar recambios para Tony Parker y Manu Ginóbili porque no tienen piezas apetecibles que ofrecer a cambio. Lo podría ser Aldrige, pero sus actuaciones lo han devaluado. Así se explica la renovación de Pau Gasol y ahora la del propio LaMarcus para cubrir la rotación interior.

De todos modos, si el número 12 recupera su mejor versión, esa en la que anotaba de manera casi indefendible desde cualquier posición a más de tres metros del aro, y Gregg Popovich logra mejorar su compromiso en defensa, puede que este no sea mal negocio. A fin de cuentas, su contrato es sensiblemente más barato que el de otros jugadores de su posición, como Paul Millsap, al que Denver Nuggets paga 30 millones por temporada.

Mientras otros lucen armas nuevas, los Spurs acudirán a la guerra de la Conferencia Oeste con el mismo fondo de armario. Porque no les queda más remedio.

 

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