La temporada NBA no ha hecho más que comenzar, pero ya tiene su primera decepción. Los Minnesota Timberwolves no terminan de arrancar y están completando un inicio de curso bochornoso. La pasada madrugada sufrieron su segunda derrota consecutiva, esta vez en Detroit ante los Pistons, dejando malas sensaciones, sobre todo en defensa, aspecto en el que han arrancado como una de las peores franquicias de la liga.

Venían de encajar 130 puntos contra los Pacers y esta vez fueron 122 ante Drummond y compañía. Ahora mismo, los Wolves son el equipo con peor rating defensivo, encajan 114 puntos cada 100 posesiones, y la quinta peor defensa global con una cifra similar en puntos por partido (113,8). Wiggins, Butler, Towns y demás actores secundarios son el grupo que mejor porcentaje de tiros de campo permite a sus rivales, los únicos que facilitan un 50 por ciento, y el tercero en porcentaje de triples, los únicos por encima del 40.

Estos datos, ya de por sí escandalosos, son todavía peores si tenemos en cuenta quién está en el banquillo. Porque si por algo se caracteriza Tom Thibodeau es por construir defensas sólidas. Sus Bulls eran de las franquicias más rocosas de la NBA y su contratación en Minnesota tuvo mucho que ver con eso. Dotar a un grupo joven de la seriedad suficiente para empezar a competir de verdad.

La decepción es doble si tenemos en cuenta la gran apuesta que la franquicia había hecho este verano. Consiguieron a Jimmy Butler para formar ese ‘Big 3’ con sus dos rookies estrella y añadieron veteranos como Teague, Gibson o Crawford. Eso sí, perdieron a Ricky Rubio. El español, infravalorado por sus problemas para anotar en muchas ocasiones, era una de las claves en esa defensa y el primero en obstaculizar el perímetro rival, cortando líneas de pase y acabando en la parte alta de la clasificación de robos por partido cada temporada.

Y, para rematar el mal inicio, Butler no está de momento está en sintonía con el equipo. Apenas 13 puntos y 6 rebotes por partido para el All Star que llegaba para liderar el ambicioso proyecto. Tampoco Wiggins está rindiendo en concordancia con el contrato que firmó hace unas semanas y, de momento, sólo Towns y el eterno Jamal Crawford, como siempre desde el banquillo, están dando la cara para unos Timberwolves que deben mejorar mucho si no quieren quedarse sin playoff un año más.