San Antonio Spurs llevan 21 años viviendo en la era Pop, que diría aquel viejo tema de Los Flechazos. El personaje de Gregg Popovich dista de la alegría juvenil y colorista de esa canción mod. Encarna el perfil del maestro severo y gruñón, enamorado de la disciplina, pero dotado de talento para el humor y una capacidad de empatía que se encarga de disimular. Al entrenador las cosas que más le gustan del mundo son disfrutar de los vinos que atesora en su bodega y que le dejen en paz. Cada verano escuchaba la misma cantinela de los comentaristas de la NBA: los Spurs están mayores; los Spurs no tienen refuerzos; los Spurs no pueden aguantar la exigencia atlética de la liga; los Spurs esto, los Spurs lo otro. Tras cada comentario, Pop miraba los cinco anillos de campeón en su mano, daba un sorbo a su borgoña y se recostaba más en la mecedora del porche de su casa. Medio año después, San Antonio volvía a sumar 60 victorias entre bostezos. Siempre igual. ¿Hasta ahora?

San Antonio perdió por 20 puntos anoche en Golden State (112-92). Es la cuarta derrota consecutiva del equipo. Si caen en su próximo encuentro ante Charlotte Hornets habrán igualado la peor racha desde 1996, el primer año de la era Pop, cuando perder era una bendición que los acercaba más a Tim Duncan, número 1 del draft y el otro hombre que cambiaría la historia de la franquicia mano a mano con el entrenador.

¿Cómo le está sentando esto de perder al veterano coach? Mal. Fue expulsado en el último cuarto frente a los Warriors por explicarle a un árbitro con su vehemencia habitual que “era un árbitro jodidamente malo”.

A San Antonio no le preocupa tanto el inicio titubeante con cuatro derrotas en ocho partidos, porque otros favoritos como los propios Warriors, Thunder y Rockets llevan tres, o cinco en el caso de los Cavaliers. Le preocupa verse superado con claridad por un rival directo capaz de elevar más aún su nivel llegado el tiempo de los playoffs. El nivel de los Spurs también puede subir, claro está. A fin de cuentas le falta su mejor jugador, y no uno cualquiera.

Kawhi Leonard sufre una tendinopatía en la zona del cuádriceps que le impidió comenzar la temporada e incluso caminar con normalidad. Aun así, se especula con su retorno a la competición a comienzos de este mes de noviembre. Candidato al MVP de la temporada antes del inicio, ahora los Spurs tan solo desean que pueda mantenerse sano para contar con su habilidad antiarrugas: esas fracciones de segundo que la edad carga sobre las piernas de Manu Ginóbili o Pau Gasol a la hora de defender, las corregía siempre Kawhi llegando con su brazos a todas partes. Esos problemas en ataque motivados por la ausencia del achacoso Tony Parker (el francés se está entrenando con el equipo de la liga de desarrollo, los Austin Spurs), también los suplía Leonard, capaz de crearse su propio tiro en cualquier situación.

Mientras tanto, a los de negro y plata no les queda otro remedio que asirse a su matrimonio de conveniencia con LaMarcus Aldrige y esperar que florezca todo el talento de Dejounte Murray, una de las apuestas de Medallista para brillar en la temporada NBA.

Hace años que las palas están dispuestas para enterrar la era dorada de los texanos. Tras 21 años en el mismo banquillo, Gregg Popovich, a quien su rival de ayer Steve Kerr votaría para ser presidente de los Estados Unidos, sigue pensando que todos los males se superan con más trabajo y menos quejas. Lo dijo tras perder el tercer partido seguido: “No importa si ganas o pierdes. Puedes mejorar en ambas situaciones”.

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