Detroit Pistons ocupan un sorprendente segundo puesto en la Conferencia Este. La noticia más feliz alrededor del equipo de Michigan sucede cada vez que el rival comete una falta de tiro sobre su jugador franquicia, el pívot Andre Drummond, un portento físico algo inmaduro al que entregaron un contrato de 120 millones de dólares. Hasta la pasada temporada, el viaje del jugador a la línea de castigo suponía un suplicio para la afición de los Pistons y un momento de gozo y risas para los oponentes. Drummond era un tronco tieso que lanzaba un ladrillo tras otro contra la canasta. Era. 

No se ha visto transformación como esta en la liga. Andre ha duplicado su acierto con las canastas de un punto. En una sola temporada ha pasado de anotar un paupérrimo 38% de lanzamientos, algo que obedecía casi a la pura chiripa, a convertir un consistente 77% de sus tiros de personal. En su primer lustro en la NBA, Drummond había intentado 1.793 tiros libres, encestando apenas 683. En los diez partidos de la presente temporada ha acertado en 30 de 40 oportunidades.

Muchos querrían conocer el secreto de su éxito. En una competición híperprofesionalizada como la NBA, siempre ha resultado vergonzante el fallo desde la línea de tiros libres. Durante los años de dominio de Shaquille O’Neal se inventó el hack-a-Shaq, la falta intencionada sobre el imparable pívot de los Magic y los Lakers como mal menor. Shaq anotaba con más facilidad con un defensor colgado del pescuezo que cuando estaba solo a 4,60 metros del tablero. La liga ha intentado corregir esa estrategia que los entrenadores empleaban sin rubor cuando se encontraban con una estrella rival sin talento para el tiro libre. La padeció Dwight Howard y también DeAndre Jordan. La padecía Andre Drummond, pero ya no. Porque ahora los mete.

Tal vez a los Philadelpia 76ers les interese conocer el secreto del cambio para cuando retorne de su misteriosa lesión el número 1 del draft, Markelle Fultz, que dejó unos cuantos tiros libres aterradores a comienzos de temporada. Con la ayuda del entrenador Idan Ravin, el gigante de los Pistons cambió completamente su técnica. Ahora dobla las rodillas, extiende los brazos y gira una vez la bola. La levanta, se endereza y la lanza. Todo de una manera más fluida, en una misma secuencia, e involucrando todo su cuerpo y no solo los brazos en la acción. Pero sobre todo, Drummond se ha tranquilizado: “Solo tuve que descubrir una forma de calmarme cuando iba a la línea. Relajar mi respiración. Lanzar consistentemente de la misma manera cada vez”.

El jugador de Mount Vernon poseía el humillante récord de más tiros libres fallados en un partido, con 23. Esta misma semana, frente a los Milwaukee Bucks convirtió 14 de 16 para delirio de sus fans. El entrenador de los Pistons, Stan Van Gundy, dice que esta mejora “lo cambia todo”. Ahora puede mantener a su jugador estrella sobre la pista en los minutos decisivos de un partido. Ahora es el banquillo rival y no el de los Pistons el que entra en pánico cuando señalan una falta de tiro sobre Andre Drummond

 

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