Cuando Kevin Durant se fue de los Oklahoma City Thunder a los Golden State Warriors recibió infinidad de críticas. Él quería nuevos retos. Quería ganar y ver a qué nivel podía llegar su potencial en un contexto propicio. Lo demostró en las últimas finales, donde lejos de camuflarse tras un gran equipo fue el hombre decisivo, y a la postre MVP, para tumbar a los Cavaliers.

Y en esta nueva temporada está demostrando que pocas cosas pueden interponerse entre él y su deseo de ser el mejor jugador de la NBA. Su nuevo objetivo es convertirse en un defensor de élite, algo que hasta el momento no le va mal. Está promediando 2,5 tapones por encuentro, la mejor cifra en este apartado junto a la del pivot francés de los Jazz Rudy Gobert.

Pero eso es sólo lo que salta a la vista. Poco a poco está desplazando a Draymond Green como el mejor jugador defensivo del equipo y ahora mismo Durant es el jugador titular de los Warriors que peor porcentaje de tiro permite a sus oponentes, tanto cerca de la canasta como más allá de la línea de triples. Las cualidades físicas siempre estuvieron ahí, con una envergadura y una velocidad que le permite defender casi cualquier posición, sólo faltaba la voluntad y la ha encontrado.

Esta nueva versión de Durant la están agradeciendo unos Warriors que están teniendo más problemas de los habituales para proteger su aro. Su efectividad defensiva ha bajado con respecto a los últimos años y encajan casi 110 puntos por encuentro. Las derrotas de principio de curso han servido de toque de atención y empiezan a mejorar, como la pasada noche ante los Heat. Dejaron al equipo de Miami en 80 puntos y sumaron la tercera victoria en los últimos tres años sin llegar a 100 puntos (3-11 de balance total).

Una mala noche de todas formas, porque la franquicia de Oakland sigue siendo una máquina de anotar puntos liderando la NBA con casi 120 por partido. También es el equipo que más asistencias reparte y el que tiene el mejor porcentaje de tiro, por encima del 50 por ciento. Todo esto ya los hacía favoritos al anillo, pero si además Durant se empeña en pelear el ‘Defensive Player Of The Year’ sólo las lesiones parecen poder frenar a la bestia.