Los partidos de la nueva temporada de la NBA amenazan con convertirse en una boda gitana por aquello de partirse la camisa. Con apenas diez jornadas disputadas, ya existe una colección de momentos embarazosos para el nuevo patrocinador de la competición, que ve como sus camisetas acaban destrozadas al mínimo agarrón. Como ya os contamos en Medallista, Nike vestirá durante ocho años la liga de baloncesto gracias a un contrato de 1.000 millones de euros. Entonces nos fijábamos en los diseños presentados, más o menos acertados, aunque nunca tan polémicos como el de la camiseta de la selección española de fútbol, obra de Adidas. Lo que nadie imaginaba era que en cada encuentro se tema por la posibilidad de un momento Hulk Hogan.

Durante el pasado mes de julio, la empresa de Oregón afirmaba en una nota de prensa que había “ajustado el diseño de los uniformes a los rigores de la, cada vez más intensa, temporada de 82 partidos empleando mapas en 3D del cuerpo de los jugadores, incluyendo mapas de calor y sudor”. Cuatro meses después, en declaraciones que recoge la ESPN, el gigante de la ropa deportiva afirma que “estamos muy preocupados viendo roturas en los partidos y trabajando para establecer una solución que implique estandarizar el proceso de bordado y mejorar la fuerza de las costuras para las camisetas de juego”.

Nadie duda de que Nike realizó test de resistencia para sus prendas. Con lo que tal vez no contaba era con defensas tan aguerridas como la de Lance Stephenson sobre Ben Simmons que casi desnuda a la emergente estrella de los Sixers.

La publicidad para el proveedor está siendo terrible. Cabe recordar que una camiseta oficial, la misma que visten los jugadores, cuesta 180 euros. Las hay de un precio más barato (80 euros, que tampoco las regalan), pero son réplicas. Nadie está dispuesto a gastarse ese dinero para chulear de ser un émulo de Lebron James en la pista del barrio y que la prenda acabe hecha trizas con un agarrón por la espalda durante un rebote.

Las prendas no solo se rompen por la acción del rival. Kevin Love desgarró la suya intentando sacarla por la cabeza cuando fue eliminado en el partido del pasado domingo frente a los Hawks. Y la estampa de Lebron James, el gran icono actual de Nike, con su número 23 convertido en un 273 (atención, esto es un chiste sobre el roto enorme en la espalda), no hace sino acrecentar la urgencia de la marca para resolver el problema. A Nike se le están viendo las costuras en uno de los mayores escaparates globales del deporte.