Ricky, tenemos que hablar.

A todos y todas nos sedujeron los partidos iniciales de la temporada. Cómo no dejarse llevar por ese Ricky Rubio dispuesto a medirse en las dos canastas con cualquiera, defendiendo como siempre, anotando como nunca. Cuando el entrenador de Utah Jazz, Quin Snyder, huérfano de Gordon Hayward y de George Hill, pidió que alguien diese un paso al frente para asumir la responsabilidad anotadora del equipo desde el perímetro, allí estabas tú, Ricard, con tu nueva melena, con tu nuevo tatuaje y con tu nuevo aplomo. Y estuvo bien, vaya que sí. Celebramos La Era del Ricky Metedor™. Saltamos de gozo la noche en la que anotaste 30 puntos, once de ellos en la prórroga para derrotar a Portland Trail Blazers. Nos preocupó un poco que solo regalases una asistencia en todo el partido pero, presos de la euforia como estábamos, no le dimos mucha importancia.

Todavía no han pasado dos semanas de aquello y parece que ha pasado un siglo. Porque aquella noche, Ricky, te extraviaste. Te perdimos y no fue hasta anoche que nos dimos cuenta. Perdónanos. Cuando el entrenador te sentó al poco de empezar y durante todo el tramo final de la derrota en casa frente a los Minnesota Timberwolves (tenía que ser precisamente contra ellos, claro), lo hizo por tu bien. Queremos creer que es así.

Sabemos que el peso que hay que cargar sin los hombros de Rudy Gobert es mucho. Maldito sea Dion Waiters por lesionar para un mes al pívot franquicia de los Jazz. Sin su juego aéreo y sin su intimidación defensiva se hace más difícil ver el aro en ataque y llegar a las ayudas en defensa. ¿Cuándo has tenido tú que tirar 12 veces a canasta por partido? Nunca. Si es que a estas alturas, en solo 14 encuentros, Rubio, llevas ya la cuarta parte de los tiros que intentaste en toda la temporada pasada con los Wolves (152 frente a 650). ¿Cuándo has repartido tú nada más que 5,6 asistencias de media? Nunca. Tú, que rondabas los dos dígitos de pases decisivos y eras año tras año uno de los cinco mejores asistentes de la NBA, has caído al puesto 21 de pasadores. Solo tus 1,9 robos de balón, cuarta mejor marca del torneo, te permiten aparecer entre los líderes estadísticos.

Así que comprendemos tu fatiga. La detectamos en ese porcentaje de tiro de tres que habías llevado a lo más alto de tu carrera y acaba de caer al 28% de acierto. Frente a tu exequipo fallaste tus seis tiros desde el triple y solo anotaste una suspensión de dos por los pelos (por tu pelazo). Mientras tanto, el rookie Donovan Mitchell se sigue tirando hasta las zapatillas, porque Joe Johnson también está en la enfermería y alguien tendrá que meter los puntos de este equipo y porque a Joe Ingles y Derrick Favors se les nota el sobreesfuerzo de las primeras jornadas, cuando el australiano sin pescuezo parecía Larry Bird reencarnado.

Tu media anotadora sigue en los 14,5 puntos, Ricky, un salto enorme. Pero anoche defendías con la vista y al sistema de Snyder se le veían las costuras. Los Wolves se os fueron de 20 en el primer cuarto y nunca más os aproximásteis a ellos. Que sí, que ya lo sabemos, que seguís siendo la sexta mejor defensa de la liga, pero sin Gobert vais a caer. Y solo Sacramento Kings y Chicago Bulls anotan menos que vosotros. Contabilizáis seis victorias y ocho derrotas. “No os alarméis”, pensarás. Pero tú sabes igual que cualquiera, Ricky, que el tercer peor ataque de la NBA (98,6 puntos por partido) no puede creer que va a llegar a los Playoffs, que es lo que todos queremos para ti.

Habla con el coach Snyder. Dile que te deje centrarte en dirigir, que en eso no hay nadie como tú; dile que hay que seleccionar con cuidado los momentos de tu responsabilidad anotadora y no convertirla en hábito; dile que hable con el general manager de Utah para que os consiga en el mercado el jugador atlético y triplista que tanto necesitáis.

Dile todo eso y dinos a nosotros que todo va a salir bien. Porque nosotros, Ricky Rubio, vamos a seguir al pie del cañón.

 

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