Lonzo Ball está cerca de batir récords como el peor tirador de la NBA, un hecho que (junto a su pasotismo puntual en defensa) le está convirtiendo en difícilmente alineable en los últimos cuartos cuando los Lakers se juegan la victoria o la derrota. Cuando eso sucede y Luke Walton le sienta el último cuarto entero (ha pasado varias veces en la última semana), el rookie reacciona como a casi todo estímulo a su alrededor: como si nada pasase. Ni se rebela ni muestra propósito de enmienda. Parece que todo va bien a Lonzo Ball mientras el negocio ruede y sus zapatillas de varios centenares de dólares se vendan (aunque él calce de cuando en vez Nike) y los titulares le atiendan casi a diario haga lo que haga. Como, por ejemplo, preocuparse cero por una refriega de sus compañeros Lakers con los Phoenix Suns.

Ocurrió en el último duelo entre angelinos y los de Arizona, que ya tuvieron sus más y sus menos en el primer duelo vencido por los Lakers. A falta de 3 minutos, Tyler Ulis y Kentavius Caldwell-Pope (el mejor nombre de la NBA) se enzarzaron en el típico intercambio de empujones, árbitro zarandeado incluido. Los compañeros de uno y otro se metieron de por medio para intentar aplacar ánimos o inflamarlos. Todos menos Lonzo Ball, que viendo la cosa a cierta distancia decidió irse al banquillo a esperar que la naturaleza siguiera su curso. “Es la NBA”, dijo el novato, como si llevase 15 años viendo peleas en la cancha, “nadie va a pelearse de verdad, así que no quiero ganarme una técnica”.

No es la primera vez que Ball parece ajeno a todo lo que acontece a su alrededor. Cuando disputó su último partido con la universidad de UCLA perdiendo en el torneo de la NCAA, aún sudando junto a sus compañeros de equipo, anunció que al siguiente verano optaría al draft de la NBA y todo el mundo sabía que eso supondría irse a los Lakers. En el momento más difícil para muchos jugadores que quizás nunca llegarán a la primera escena del baloncesto mundial, Lonzo Ball seguía dando pasitos en su calculada carrera profesional.

Pocos dudan de la capacidad de Lonzo Ball para jugar en la NBA, y el hecho de ser el jugador más joven de la historia en lograr un triple doble habla más que sus problemas flagrantes con el tiro a canasta. Las comparaciones con Jason Kidd han emergido rápido, con una voz autorizada para rebajarlas: las del propio Kidd. “todos pensaban que iba a llegar e incendiar la liga, pero también tiene el punto de mira puesto en él. Hay otros jugadores que creen que son mejores. Tiene que entender lo que supone estar siempre preparado para competir cada noche”, advirtió el ahora técnico de los Milwaukee Bucks. Una manera de decirle a Lonzo Ball que ser una estrella de la NBA es algo más que llenar titulares y seguidores en redes sociales.