Y 1.082 partidos después, alguien ordenó callar al Rey. LeBron James fue expulsado por primera vez en su carrera cuando faltaban 119 segundos para el final del tercer cuarto del partido que enfrentaba en Cleveland a los Cavaliers contra Miami Heat, su exequipo. Al jugador no le gustó que los árbitros no señalan falta en una entrada a canasta obstruida por un defensor visitante. Al percibir que el juego continuaba sin que sonase el silbato, James se encaró con el juez Kane Fitzgerald. Nadie reveló cuáles fueron las palabras exactas que la estrella gritó en la cara del oficial, pero a Fitzgerald le parecieron suficientes para hacer lo que nadie había hecho en 15 años de trayectoria de LeBron en la NBA: mandarlo a las duchas antes de tiempo.

James, acostumbrado a entrar a canasta arrollando con la fuerza de un tren de mercancías, en ocasiones dando más pasos de los que el reglamento ordena, dijo tras la expulsión: “Creo que soy uno de los líderes de la liga en puntos anotados en la pintura. Penetro hacia canasta tanto como cualquiera. Llegados a este punto, parece que me quisieran convertir en un tirador de suspensiones”. Usando el diccionario LeBron-castellano, entendemos que el cuatro veces MVP de la competición quiere que se respete el privilegio de premiar con falta cada contacto que recibe en su camino hacia el aro rival.

Lo bueno en este tipo de polémicas, sean del tipo que sean, es que la NBA permite a sus árbitros, y casi exige, que den explicaciones sobre lo ocurrido. Fitzgerald no se cortó a la hora de dar detalles sobre el motivo de la doble técnica que acabó con el ’23’ en los vestuarios antes de tiempo: “Se giró hacia mí y lanzó un puñetazo al aire. Luego se acercó de forma agresiva y me gritó varias veces al oído”.

Lo que para algunos será una temeridad, atreverse a echar de una cancha, su propia cancha, a LeBron James, es motivo de elogio. Apenas unas horas tardó Enes Kanter, enemigo de cualquier jugador que se atreva a ser bueno al baloncesto, en sacar el látigo en redes sociales. El turco, ahora en los Knicks, todavía está caliente por la polémica de hace unas semanas donde Lebron se proclamaba a sí mismo ‘Rey de Nueva York’.

Pero más allá de los memes y polémicas, este incidente no viene más que a confirmar lo difícil que está siendo la temporada para James. Porque resultado difícil creer que se tratase de un calentón aislado en un partido que Cavaliers tenía resuelto ganando de 23 al final del tercer cuarto.

Fue la gota que colmó un vaso que ha ido llenándose en los últimos meses con la salida de Irving, al que para colmo le va espectacular en los Celtics, los rumores de su marcha a los Lakers el próximo verano, el mal inicio de su equipo o, más recientemente, la posible retirada de Derrick Rose. LeBron sigue haciendo todo lo posible por llevar a los suyos a otras finales y es posible que debamos concederle el gusto de mostrar su desesperación de vez en cuando, aunque esto le cueste alguna técnica y muchas burlas.

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