Ha tardado en llegar, pero Joel Embiid es una de las mejores cosas que le ha pasado a la NBA en los últimos años. Porque el pivot camerunés no sólo está siendo el mesías que esperaban los Sixers cuando iniciaron The Process, sino que además se ha convertido en todo un espectáculo fuera de las canchas y, sobre todo, en las redes sociales, por su carácter de showman. Obviamente, su sinceridad ante los micros le está costando algún roce como el que mantiene con Andre Drummond, pivot de los Detroit Pistons.

Todo comenzó en la segunda semana de esta temporada, cuando tras la primera victoria del equipo de Philadelphia, el camerunés aseguró que Drummond “no defendía nada”. El que fuera Top 10 del draft de 2012 no tardó en responder vía Twitter y citarse para el encuentro de la pasada madrugada. Lejos de amilanarse y después de menospreciar su capacidad defensiva, ahora atacó su habilidad en el aro rival.

“Sin faltar al respeto, pero él no tira a canasta, así que sólo me tengo que centrar en las coberturas colectivas”. El jugador de los Pistons esta vez decidió no ser tan diplomático y le contestó con condescendencia, atacando la fragilidad que hasta ahora ha mostrado Embiid hasta ahora y su prohibición de jugar, todavía esta temporada, dos partidos en noches consecutivas: “Llevo jugando seis años y me he perdido cuatro o cinco partidos. Cuando él pueda jugar una temporada sin descansar, que venga a hablar conmigo“.

Si en la batalla dialéctica el camerunés ya iba con ligera ventaja, el duelo sobre la cancha se lo llevó claramente. Anotó 25 puntos y capturó 10 rebotes para llevar a los Sixers a una victoria que los acerca a los Pistons en la parte alta de la Conferencia Este. Drummond no estuvo mal, con 14 puntos, 10 rebotes y 6 asistencias, pero casi nunca pudo con su rival y terminó expulsado por faltas con el consiguiente recochineo del camerunés y la afición local.

Aunque la guinda del espectáculo tuvo lugar al final del encuentro. La NBA es un show, aunque no siempre todos los jugadores lo entiendan. No es el caso de los dos gigantes, que saben perfectamente cuál es su papel y cuando sonó la bocina se saludaron amistosamente en la línea de banda, bromeando y, seguramente, citándose para la próxima batalla.