Durante los meses anteriores al draft de la NBA, se venía avisando: el equipo que seleccione a Lonzo Ball se llevará un regalo añadido con la forma del padre del base californiano. Desde el principio, Los Angeles Lakers aparecían en todos los pronósticos y, efectivamente, Magic Johnson y compañía apostaron por él. Ni media temporada después, la franquicia ya debe adoptar medidas para intentar frenar el impacto mediático del incontenible cabeza de familia de su director de juego.

En una medida que todo el entorno de los Lakers ve como dirigida específicamente a LaVar, la entidad californiana ya no permite a los medios de comunicación acceder a una sección del pabellón reservada para familiares y otras personas cercanas a los jugadores. Vista la popularidad de Ball en prensa o televisión, el padre de Lonzo parece la explicación a la decisión, aunque desde el club echan balones fuera.

“No es una política nueva. Ha habido más presencia de los medios en esa área que antes, y esa sección es estrictamente para familiares e invitados de los jugadores. Es una cuestión de privacidad”, explicó un portavoz de los argelinos a la cadena ESPN. Sin embargo, en Estados Unidos la medida ya ha sido bautizada como la regla LaVar Ball.

El objetivo de los Lakers es evidente: minimizar la presencia del padre de su base en cualquier medio de comunicación, ya que no considera en absoluto beneficioso para el equipo (ni para su propio hijo, teniendo en cuenta los desastrosos porcentajes de tiro que está ofreciendo en sus primeras semanas como jugador profesional).

A finales del pasado mes de noviembre, LaVar Ball surgió en la web Bleacher Report para cuestionar la forma en la que los Lakers entrenaban a su hijo. Y esta última semana, tras la derrota ante los Warriors, Ball padre lamentó que Julius Randle no le pasara el balón a Lonzo en los instantes finales. Una crítica tras otra que ha obligado a los californianos a pasar a la acción con respecto a LaVar Ball.