Los Golden State Warriors no tienen una plantilla casi perfecta, tienen una póliza de seguros. La temporada pasada, cuando la rodilla de Kevin Durant casi explotase al recibir el impacto de los 115 kilos de Zaza Pachulia en Washington, el equipo de Steve Kerr ganó 14 partidos seguidos sin uno de los mejores anotadores de la historia de la NBA. Lo que para cualquier equipo hubiera sido una baja casi imposible de superar, para los Warriors fue un pequeño obstáculo que su imparable maquinaria de anotar y defender se tomó como un reto, un test de estrés para ver su resistencia, e incluso como un pequeño beneficio: Durant descansaría en el tramo medio-final de temporada y llegaría a play offs fresco. El resultado: anillo de la NBA y MVP de las finales para KD.

La situación ahora es que Stephen Curry sufrió un fuerte esguince de tobillo en una jugada ya intrascendente del final del choque contra New Orleans Pelicans. El base ha sufrido problemas muy graves en esas articulaciones en el pasado, y los Warriors se temieron lo peor. En principio, Curry estará de baja al menos dos semanas. El primer partido que se ha perdido la estrella de los Warriors fue en Charlotte, ante los Hornets, el partido más especial del año para Steph: la ciudad donde se crió cuando su padre Dell jugaba en la franquicia del abejorro, y ahora es comentarista en la tele oficial de los Hornets. Es su casa. No pudo jugar, pero los Warriors ganaron igual. el 101-87 no refleja la superioridad de Golden State, a pesar de no poder contar con Curry, ni Draymond Green y perder por lesión al poco de empezar a Zaza Pachulia.

El principal motivo: Kevin Durant. El alero anotó 35 puntos, capturó 11 rebotes y repartió 10 asistencias. Además, puso dos tapones, un arte en el que es el segundo mejor de la temporada. Dominó desde el inicio con gran efectividad, con un bache en el tercer cuarto que apretó el partido y le obligó a forzar algunos tiros extra. Acompañado por el siempre efectivo Klay Thompson (a veces parece que le da igual quién juega a su alrededor), Durant demostró que por sí solo puede llevar a un equipo aspirante a todo. “Es divertido cuando puedes ser creativo en la cancha, ya sea dando un pase de alley oop a JaVale McGee o tirando… Sentía que podía ir con mi caja de herramientas, todos mis trucos, y enseñarlos todos. No creo que todos los días vaya a ser así, pero hoy creo que era necesario“, dijo KD tras el partido.

Justo antes del partido, el analista de ESPN Zach Lowe hacía la defensa de la importancia (en algunos ámbitos) cuestionada de Steph Curry en los Warriors. No es sólo un tirador, es el motor del juego de Golden State por los espacios que genera, su no necesidad de acaparar el balón, su capacidad de pase… Y por supuesto, por ser quizás el mejor triplista de la historia. La gran suerte de los Warriors es que, caída su piedra filosofal por lesión, tienen a Kevin Durant, un seguro en forma de alero de casi 2.10 metros, de brazos interminables, rapidez imposible para su tamaño y capaz de anotar desde cualquier lugar de la pista. Y, además, defender a un nivel estelar. Es casi injusto.

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