El propósito de LaVar Ball siempre ha sido que sus hijos jueguen para Los Ángeles Lakers. Si eso sigue siendo cierto, alguien va a tener que explicar por qué hay que pasar por Prienai para llegar al Staples Center. Prienai, para conocimiento de todos los que acabamos de saber de su existencia, es (gracias, Wikipedia) una ciudad de Lituania, situada a orillas del río Neumas, con poco más de 10.000 habitantes. Allí celebran las navidades con temperaturas bajo cero. En Hollywood hoy hay 27 grados de temperatura. LaMelo y LiAngelo Ball, los hermanos del base rookie de los Lakers Lonzo Ball, vivirán allí a partir de enero de 2018. El porqué solo lo sabe el cabeza de familia.

El progenitor, asentado como uno de los mayores bocazas de la farándula estadounidense y arquitecto exclusivo de la carrera de sus hijos, ha decidido que LaMelo, de 16 años, y LiAngelo, de 19, debuten como jugadores profesionales de baloncesto en el Vytautas Prienai de la Liga Lituana, según reveló en Yahoo Sports el periodista Shams Charania. El equipo participa en la competición local y también en la Liga Báltica, a priori el escenario reservado para que los Ball midan su talento con el de algunas de las mejores escuelas del baloncesto europeo. Su salario será modesto (se habla de menos de 500 dólares al mes) y sus minutos, limitados, alrededor de 25 por encuentro. La marca familiar de prendas deportivas ha anunciado que «para los hermanos Ball no se trata del dinero, sino que tienen una pasión por jugar al baloncesto y su meta era tener la experiencia de jugar como profesionales».

El fichaje, que provocará bajas sensibles en el reality-show familiar, parece la versión baloncestística de ese método salvaje de enseñanza de la natación consistente en tirar a los niños al río para que aprendan a flotar por puro instinto. LaVar manda a sus polluelos a 9.500 kilómetros de distancia del nido materno para que se curtan, quizás en un intento desesperado de que adquieran ese nivel competitivo con el que suelen llegar los rookies europeos a la NBA y encuentren así una vía de acceso a la liga americana diferente al draft.

LiAngelo, protagonista de un incidente internacional por robar en una tienda en China, lo tenía precisamente en chino para entrar en la lista de jugadores universitarios seleccionados por las franquicias. El daño para su imagen que causó su encarcelamiento, hasta el punto de que Donald Trump tuvo que interceder para su liberación, su suspensión por parte de la universidad de UCLA, y la poca confianza en su juego por parte de los ojeadores le habrían levantado una barrera insalvable.

Más extraño resulta el caso de LaMelo, todavía en edad preuniversitaria, pero cuyo talento sí había recibido el visto bueno de los expertos en scouting que lo consideraban un top-10 entre los jugadores de high school. Sin embargo, la decisión de su padre de retirarlo del instituto para educarlo en casa apuntaba ya un camino alternativo para su carrera.

Ahora ya sabemos que esa estación de paso que LaVar Ball ha imaginado para que sus muchachos sigan el ejemplo de Lonzo y puedan vestir algún día de púrpura y oro pasa por Lituania. Pasa por un equipo en el que el último americano, Brad Tinsley, duró solo un mes. Y pasa por una competición que conoció otro trotamundos estadounidense, Ben Brust. ¿Cuál es su opinión sobre este fichaje?: «Es un desastre a punto de ocurrir. Jugué allí durante un año y lo odié».

¿Qué podría salir mal, LaVar?

 

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