Las cosas no van bien para Marc Gasol y los Memphis Grizzlies. Perdieron en Washington 93-87, sumando así 15 derrotas en los últimos 16 partidos. Todo les sale mal y el barbudo pívot español se siente desnortado como cuando te comes inadvertidamente un bloqueo y el base rival pasa por delante de ti como una exhalación para clavar un mate espectacular ante tu aturdida cara y la pasividad de tus compañeros. ¡Oh, vaya! Si resulta que eso es, exactamente, lo que le hicieron Bradley Beal y John Wall anoche.

El pívot, como último baluarte de un equipo en apuros, no sabe cómo atajar las múltiples vías de agua que amenazan a la franquicia, deportiva e incluso institucionalmente. La NBA mantiene una deuda con Seattle desde que les arrebató a los Sonics para transformarlos en Thunder y mandarlos a Oklahoma. A los Grizzlies se les está poniendo cara de mudanza, más aún cuando hay rumores de que la propiedad del equipo podría cambiar de manos en un corto plazo de tiempo.

Mientras tanto, Marc Gasol sigue comportándose como si tuviese una deuda con la ciudad. Allí vivió sus años formativos mientras su hermano Pau se convertía en rookie del año y conducía al equipo a unos infructuosos playoffs. Tiempo después, el hermano pequeño pudo liderar a los osos a cotas deportivas mayores pero ante la debacle actual se resiste a buscar una salida hacia un prado más verde, como la que dio con Pau en Los Ángeles Lakers.

“Tengo una responsabilidad con esta ciudad. No voy a abandonar, pase lo que pase”, le decía tras otra derrota a la ESPN. El periodista Zach Lowe lo situó ante el escenario, cada vez más plausible, de que Memphis termine la temporada con menos de 20 triunfos: “Querría ver como llegamos a eso, cuál fue el proceso, pero mientras el propietario Robert Pera me quiera aquí, mis compañeros me quieran aquí, y ellos piensen que soy parte de la solución y no parte del problema, eso es cuanto necesito”, respondió Marc.

A Marc Gasol le quedan dos años de un contrato de cinco temporadas valorado en 110 millones de dólares. Ya sin Zach Randolph y Tony Allen, motores identitarios de la franquicia traspasados en verano; con la otra figura de los Grizzlies, Mike Conley, pasando tanto tiempo en la enfermería como sobre la pista; el catalán asoma como un vestigio de un equipo que se creía candidato a todo en el Oeste y que ahora intenta reconstruirse sobre la marcha.

La frustración del jugador aumenta, hasta el punto de que un enfado con su entrenador David Fitzdale precedió a la destitución del técnico. Debe buscar el equilibrio entre la lealtad que siente hacia la ciudad que lo acogió siendo un adolescente y su ambición deportiva. Avanzar en los playoffs parece algo alejado de la realidad de Memphis para un puñado de años. Él, el Gasol preferido en los corazones de Tennessee, se resiste a repetir los pasos de Pau. También resulta difícil para la franquicia explicarle que si toca hacer cuenta nueva, primero hay que borrar.

“Si ellos piensa que es lo mejor, haría cualquier cosa por esta franquicia”, dice Marc. Ambos se ven últimos de la conferencia, con ocho victorias y 20 derrotas, y se van haciendo a la idea.