La temporada regular de la NBA suele hacerse tediosa y la espera hasta los playoff interminable. Sin embargo, resulta difícil encontrar en otras competiciones las bonitas historias que se dan a lo largo de los casi 3.000 encuentros que se disputan en la mejor liga del mundo antes de las eliminatorias por el título. Cómo olvidar la ‘Linsanity’ de Jeremy Lin hace unos años… y precisamente el Madison Square Garden ha sido el escenario e otra de esas noches mágicas, con Michael Beasley haciendo historia y hurgando en la herida de los Boston Celtics.

Beasley llegó a la NBA hace nueve años llamado a dominar la competición. Estrella en instituto y en su único año en la universidad, fue elegido por los Heat en segunda posición del draft, sólo por detrás de Derrick Rose. Su potencial y su talento siempre han estado ahí, también la sensación de no había nadie pilotando esa cabeza. Dejando píldoras sueltas de brillantez de tanto en tanto, pero también problemas extradeportivos y una cierta inclinación por substancias prohibidas, el alero ha ido dando tumbos por la liga e incluso tuvo una etapa de exilio en China. Timberwolves, Rockets, Bucks, de nuevo a Miami…

Este verano unos desesperados Knicks tiraron de él en una puesta con poco que perder. Cobrando el mínimo de veterano (2,1 millones), la franquicia de Nueva York se hacía con algo de pedigrí tras la marcha de Carmelo Anthony en los que se anticipaba como una temporada desastrosa. Nada más lejos de la realidad. La explosión de Porzingis y la aportación de Beasley liderando a la segunda unidad, entre otros factores, están dejando más victorias de las esperadas y, ahora mismo, ocupan puestos de playoff (17-14).

El mejor ejemplo se dio en el duelo ante Boston Celtics, de capa caída en las últimas semanas, y que hincaron de nuevo la rodilla en su visita a los Knicks. El principal verdugo fue un Michael Beasley que anotó 32 puntos y 12 rebotes en apenas 25 minutos en pista, convirtiéndose en el primer jugador que lo logra saliendo desde el banquillo.

La tormenta llegó en el último cuarto, en el que anotó 18 puntos para sellar el triunfo, logrando que el MSG se pusiera a sus pies despidiéndolo entre cánticos de ‘MVP‘. No sé sabe hasta donde llegarán los Knicks, pero esta extraña relación está dando, al menos por ahora, una de esas historias de la temporada. Y ojo, porque Beasley sólo está cogiendo ritmo: “Tengo la muñeca caliente desde el 9 de enero de 1989”.