Cuando alguien pregunte por qué es muy difícil apostar a que Houston Rockets va a ser capaz de desbancar a los Golden State Warriors como campeones del Oeste, habrá que acudir al partido que los tejanos perdieron en el TD Garden (99-98 en el marcador final). Y sí, hay que decir que lo perdieron los Rockets y no que lo ganaron los Boston Celtics, porque el demérito propio importa tanto como la virtud ajena cuando te remontan 26 puntos.

El realizador televisivo estuvo avispado para enfocar a Chris Paul en el banquillo (no jugó el encuentro por molestias en la ingle) cuando se estaba consumando la debacle. Él y James Harden son dos megaestrellas de la NBA con un historial de colapsos en playoffs. El propio Paul vivió la más vergonzante de las derrotas frente a los Rockets cuando dirigía a unos Los Ángeles Clippers favoritos al anillo en 2015. Y un Harden candidato al MVP desapareció en las semifinales de conferencia de la pasada temporada frente a San Antonio Spurs.

Ahora CP3 y La Barba comparten equipo y fiascos. Un Harden desquiciado veía cómo los árbitros le señalaban dos faltas seguidas sobre su defensor, Marcus Smart, mientras Paul ponía cara de incredulidad y Boston les birlaba el triunfo en sus narices. La secuencia es dramática.

El partido se puede analizar en clave Harden, que para eso es uno de los mayores talentos del baloncesto mundial, pero también en clave Marcus Smart, uno de esos jugadores aguerridos encargados de conservar el espíritu de lucha de los Celtics y que Brad Stevens se encargó de conservar cuando perdió a otras piezas como Kelly Olynik o Avery Bradley para hacerse con Kyrie Irving. La figura de los Rockets anotó 34 puntos, pero con un paupérrimo 26% de acierto en tiros de campo y ocho balones perdidos. Smart contribuyó como nadie a los errores: no entró ni uno solo de los siete lanzamientos que Harden intentó cuando estuvo defendido por el base de Boston.

A La Barba, un maestro de la finta que sabe buscar el contacto como nadie, le han perjudicado la revisión de las reglas de la NBA para esta temporada. La liga insta a los árbitros a que sean menos proclives a pitar falta del defensor cuando se advierte una intención del atacante de forzar faltas para ganar un tiro adicional. Eso pone las cosas más difíciles al mago de los Rockets, que aun así se las está apañando mejor que bien para seguir optando un año más al MVP. Pero anoche cedió ante el desgaste de la asfixiante presión de Smart. “Hubo un montón de faltas no señaladas que había que pitar porque eso cambia la dinámica de los partidos. Es un partido profesional, televisado para todo el país. Eso no puede suceder”, se quejó amargamente tras el encuentro.

Cuando sonó la bocina del final del encuentro, los Celtics invadieron la pista para festejar la remontada. El 13 de los Rockets se quedó solo, en medio del jolgorio local, rumiando las decisiones arbitrales y pensando en cómo sobreponerse a defensas duras como las de Boston, que serán más habituales en playoffs. Pensando en la canasta imposible que anotó y no subió al marcador porque tocó en el reloj de posesión. Porque anoche no era su noche.

Should it have counted? 🤔

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