Quedan 12.1 segundos para el final del encuentro y Patrick McCaw pone en juego la pelota bajo la canasta de Golden State Warriors. Dallas Mavericks acaba de empatar el partido a 120 puntos gracias a una gran jugada de Harrison Barnes frente a su exequipo. El público tejano celebra alborozado. Dos minutos y 15 segundos antes los locales perdían por diez puntos ante los vigentes campeones de la NBA. En esa docena de segundos todo el mundo en el pabellón va a comprender por qué sus adorados Mavs penan en los últimos puestos de la Conferencia Oeste mientras los de Oakland son líderes.

McCaw le entrega la bola a Stephen Curry, que recibe solo. Solo pese a que en ese momento de partido ha anotado ya 29 puntos, incluyendo cinco triples de 12 intentos. Solo pese a que es Stephen Curry, posiblemente el tirador más letal de la historia del baloncesto. Dennis Smith Jr., el defensor más próximo, no quiere saber nada del asunto. Smith Jr., uno de los novatos del año en la liga, comienza a hacer aspavientos mientras retrocede hacia su campo, pidiendo que le cambien la asignación, que sea otro el que se encargue de la defensa.

Así que Curry avanza metros botando con la misma soltura que en la primera posesión del partido. El rookie de Dallas se lo pasa mejor haciendo mates de campeonato que preocupándose de cubrir rivales.

Quedan siete segundos cuando Steph cruza la línea del centro del campo mientras por allí asoma Yogi Ferrel, que solo lleva dos años en la liga. A él le toca comerse el marrón del que Smith Jr. no quiso saber nada. A los Mavericks se les está poniendo cara de conejo sorprendido en medio de la carretera por las luces de un camión. Intuyen que los van a atropellar pero son incapaces de moverse.

Stephen Curry podría resolver el partido en cualquier instante con un triple desde más de nueve metros de distancia del aro, pero nadie despreciaría una bandeja libre de marca, el tiro más fácil del baloncesto. Para Curry un triple en movimiento desde la cabeza de la línea de tres puntos es como una bandeja libre de marca. La imagen lejana no permite verlo con claridad, pero se diría que el base de Golden State enarca las cejas con sorpresa cuando ve acercarse al pobre Yogi Ferrel, que no sabe muy bien qué hacer. Que no sabe que se va a tragar la jugada más simple del baloncesto. A su espalda emerge Draymond Green, colocando un bloqueo directo frente al que Yogi se desparrama. Green le señala a su compañero hacia donde tiene que continuar la acción. Dicho y hecho. Curry, todo parsimonia, continúa botando solo. Solo como durante toda la jugada decisiva del partido.

Green ha puesto el bloqueo porque, aun no siendo el jugador más veloz del mundo, sí lo es más que Dirk Nowtizki. El alemán es una leyenda en activo del baloncesto que apura sus últimos minutos como profesional. Quizás “apurar” no es el verbo apropiado. Nowitzki nunca ha sido rápido. Por eso jamás va a poder llegar a tiempo de taponar a Curry, obligado como está por el bloqueo sobre Ferrel. Mide 213 centímetros. Se estira cuan largo es. Pero Steph arma el tiro con la velocidad del aleteo de un colibrí.

Curry ha llegado solo a su lugar favorito del mundo, la línea de tres puntos. Cuando el balón vuela aún quedan tres segundos en el reloj, pero ya está Rick Carlisle, el entrenador local, mordiendo la pizarra ante la ineptitud defensiva de sus pupilos. Ya está el público saliendo por la puerta del recinto. Ya está el utillero de los Warriors guardando el material en el autocar. Y ya da lo mismo que el marcador todavía señale empate. El partido va a terminar 123-120. Era algo sabido desde nueve segundos antes, cuando el mejor tirador del mundo recibió la pelota solo en la jugada decisiva del partido.

No Hay Más Artículos