Ya no se trata solo de merecimientos, sino de simple placer matemático. Si Los Ángeles Lakers decidiesen retirar algún día la camiseta de Pau Gasol en reconocimiento a sus logros con la franquicia, en lo alto del Staples Center podría admirarse una hermosa progresión geométrica de leyendas: el 8 de Kobe Bryant, el 16 del jugador español, el 24 del propio Bryant (la Mamba Negra vio hace tres semanas como retiraban sus dos dorsales) e incluso, yendo más allá, el 32 de Magic Johnson. Gasol volvía anoche a su pabellón más querido defendiendo los colores de San Antonio Spurs y celebró los homenajes a su gran amigo en la NBA. Kobe recogió el guante y con un mensaje en Twitter con el número del de Sant Boi reclamó un lugar para él entre los más grandes de la historia púrpura y oro.

Pau Gasol jugó entre 2008 y 2014 en los Lakers. Llegó en un traspaso criticado por quien hoy es su entrenador, Gregg Popovich, quien consideraba que por una vez se estaban vendiendo los duros a cuatro pesetas. Memphis Grizzlies se desprendía de una estrella frustrada por caer siempre en primera ronda de playoffs y recibía casi nada a cambio. Entre ese “casi nada” estaban los derechos de Marc Gasol que, con los años, acabaría superando a su hermano en el corazón de los fans de la franquicia de Tennessee.

El impacto del español en el equipo angelino fue inmediato. El egoísta Kobe Bryant lo necesitaba para demostrar que también podía ganar sin la ayuda de Shaquille O’Neal. Congeniaron al instante pese a que sus caracteres parecían muy diferentes: la bestia competitiva y el refinado europeo. Su mezcla resultó en unas finales y dos campeonatos en tres temporadas. En el resto de años Gasol siguió siendo pieza clave de un equipo con el que se identificaba pero que se fue alejando de él. La contratación de Mike D’Antoni para relevar a Phil Jackson fue un golpe para el pívot, un jugador con talento para la pausa que resultaba incómodo en el acelerado baloncesto del siete segundos o menos del extécnico de los Phoenix Suns y hoy coach de Houston Rockets.

Pau era querido por una afición con amplio porcentaje de público hispano, pero emigró para demostrar que seguía siendo una referencia de la liga. Pasó por Chicago Bulls y después llegó a los Spurs, donde está aportando a gran nivel a los 37 años de edad. Anoche sus nueve puntos, doce rebotes y cinco asistencias no bastaron para evitar la derrota de San Antonio ante los bisoños Lakers (93-81).

Sin embargo, pudo ser un día feliz para Gasol, que imaginó su camiseta retirada en uno de los templos de la NBA. Preguntado por el merecimiento del homenaje, su excompañero y actual entrenador angelino, Luke Walton respondió: “Mi primer instinto es sí. Es un compañero de equipo y ganamos campeonatos por su culpa”. El mismo Pau se sinceró: “Sería un honor enorme poder estar entre las grandes leyendas de esta franquicia tan histórica y maravillosa”.

La semilla ya está plantada, y ni más ni menos que por Kobe Bryant. Si Gasol necesita un aval para defender sus méritos, no va a encontrar uno mejor.

 

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