De vez en cuando Anthony Davis necesita recordarnos que existe, que él fue el primer unicornio antes de que Towns, Antetokounmpo o Porzingis aterrizasen en la NBA. Se lo dejó más que claro al letón anoche en el Madison Square Garden cuando lo llevó hasta la línea de fondo a unos cinco metros de la canasta y durante un instante fusionó lo mejor de Hakeem Olajuwon, Dirk Nowtizki y Larry Bird en una serie de fintas y un reverso con posterior fade-away en las narices de la estrella de los New York Knicks. Esa canasta ayudó a sellar la victoria de los New Orleans Pelicans (118-123) tras remontar la desventaja de 16 puntos que arrastraban al final del tercer cuarto.

Aquellos dos puntos decisivos sirvieron para completar un registro estadístico inédito en la liga desde 1983. Davis sumó 48 puntos, 17 rebotes, cuatro robos y tres tapones en 50 minutos de partidos. Es una marca tan extraordinaria como las capacidades del antiguo fenómeno de la Universidad de Kentucky, que llegó a la NBA sin atreverse a tirar triples en sus tres primeras temporadas y ahora se juega una media de dos por encuentro con un respetabilísimo 36% de acierto. Anoche anotó dos de los seis que intentó y machacó cuanto pudo el aro de los Knicks.

En su sexta temporada como profesional siguen existiendo reparos acerca de Davis. La mayoría de ellos tienen que ver con su fiabilidad física. Hasta la pasada campaña no había llegado nunca a disputar siquiera 70 partidos de los 82 de la regular season. Se perdió siete encuentros en la temporada 2016-2017 y en la actual ya ha tenido que ausentarse en seis ocasiones cuando aún no se ha llegado al ecuador del calendario NBA.

También influye en la percepción acerca de Anthony Davis la incapacidad de los Pelicans para avanzar en los playoffs, una mancha que también mantuvo alejados del estatus de superélite a jugadores como Kevin Garnett o Pau Gasol en los primeros años de su carrera. Quizás eso tenga remedio esta temporada. Los de Nueva Orleans marchan sextos en la Conferencia Oeste con 22 triunfos y 20 derrotas, una posición que les daría un emparejamiento más favorable que el que tuvieron que sufrir con Golden State Warriors en su última visita a las eliminatorias, hace tres temporadas.

Ahora La Ceja, el otro gran apodo capilar de la NBA junto a La Barba de James Harden, cuenta con la ayuda de DeMarcus Cousins para asustar en esa pintura que la tendencia actual del juego va despoblando para favorecer el tiro triple. Cousins (15 puntos, 16 rebotes, cinco asistencias en Nueva York) afirma que quiere echar raíces en la ciudad del jazz y al mismo tiempo ejerce de cebo para que la franquicia pueda retener a Davis. Aunque este no pueda evitar fruncir esa ceja continua que le adorna la frente al ver a DeMarcus hacer de las suyas.



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