Los titulares tras la victoria de los Golden State Warriors en cancha de los Cleveland Cavaliers (108-118) resultaron sorprendentes: después del segundo triunfo en temporada regular (antes llegó el del día de Navidad), ¿se ha terminado la gran rivalidad de esta década? Después de tres finales consecutivas, dos ganadas por los Warriors y la otra por los Cavs, la prensa estadounidense da por amortizada la contienda entre los dos grandes dominadores de la NBA, por el tremendo potencial de los californianos y también por el cierto consenso de que LeBron James volverá a dejar el equipo de su ciudad en verano. Sea como fuere, los Cavaliers tienen mucho más difícil que los Warriors volver a la final de la NBA, por sus propios problemas y por la competencia en el Este, que sigue creciendo día a día.

Ante los Warriors, el equipo de Tyronn Lue comenzó bien, explotando la flojera defensiva de los de Steve Kerr anotando 64 puntos en la primera parte. LeBron acertaba en casi todos sus tiros y la segunda unidad, liderada por Dwayne Wade, abrumaba a la de su rival. Pero con Stephen Curry, Kevin Durant y Klay Thompson anotando 24 de sus 43 tiros, y tras aportaciones claves en momentos oportunos de David West, Iguodala, Livingston y Nick Young, los campeones apretaron las tuercas en defensa (apenas 40 puntos de los Cavs en la segunda parte) y lograron una victoria significativa a varios niveles.

Es la sexta victoria de los Warriors sobre los Cavaliers en sus últimos 8 encuentros, incluidos los 5 de la final de la temporada pasada. Y eso que los de Oakland tienen margen de mejora esta temporada, porque a pesar de llevar 13 victorias seguidas lejos del Oracle han cedido más de la cuenta en su propia casa. Es decir, el récord de 36-9, el mejor de la liga, podría ser bastante mejor. La tendencia parece difícil de invertir. Kevin Durant sigue brillando en cada duelo con LeBron James, al que le regaló un espectacular mate en la primera mitad antes de resultar letal en la segunda con un gran nivel de acierto, también desde la línea de tiros libres (10 de 10).

Stephen Curry va camino de su 50-40-90 en porcentajes de tiros de dos, triples y libres, y desde sus problemas de tobillo su nivel de acierto es sobrehumano. E incluso se permitió celebrar con todos sus compañeros un poco frecuente mate a dos manos que llevó el delirio al banquillo de los Warriors. El base superó ciertos problemillas de faltas en la primera parte para volver a ser resolutivo desde el tercer cuarto, como más le gusta. Lo único que dejó mal sabor de boca a los californianos, en plena gira por el brutal invierno del Este, es que no hubiera agua caliente en las duchas del pabellón.

Demasiado, en cualquier caso, para unos Cavaliers de nuevo en crisis, algo que parecía olvidado tras una gran racha de 18 victorias en 19 partidos para maquillar un mal arranque de temporada. Han cedido en 9 de los últimos 12 encuentros, y los rumores desde el interior del vestuario indican que la cosa está complicada. A pesar de los imponentes números de LeBron James en su 15ª temporada, intentando su octava final consecutiva, la defensa sigue siendo más que sospechosa, y desde el regreso de Isaiah Thomas es la segunda peor de la NBA. El verdadero problema para los de Cleveland no es ya quedarse lejos de los Warriors, sino ver cómo Raptors, Wizards y, sobre todo, Celtics, se le suben a las barbas en su propio territorio.

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