Steve Kerr y su cuerpo de asistentes ya tienen algo en lo que pensar. Houston Rockets están dispuestos a postularse como la gran alternativa al poder de los Golden State Warriors ahora que LeBron James y sus Cleveland Cavaliers están en depresión. Los texanos derrotaron 116-108 a los de Oakland en el último emparejamiento en temporada regular entre ambos. Los de Mike D’Antoni se llevan la serie particular por dos victorias a una y de paso cortan la racha de 14 triunfos a domicilio de los Warriors. El clavo para cerrar el ataúd de esa serie de triunfos lo puso James Harden con su danza habitual. Del trance que provocan en el defensor esos pasos de baile hipnóticos solo se despierta con el sonido «chof» del triple que La Barba anota en tus morros. En los morros de Stephen Curry en esta ocasión, al que después taponó en un triple desesperado.

Harden liquidó el asunto después de que Chris Paul se lo sirviese en bandeja. El base perpetuamente enfadado con todo el mundo se liberó en un partido que Houston gobernó desde un primer cuarto en el que endosó 40 puntos a los de la Bahía. Paul anotó 33 puntos, entregó siete asistencias y capturó once rebotes. Harden añadió 22 puntos y otros ocho pases de canasta, demostrando que, pese a lo que cabía sospechar al inicio de temporada, los dos bases habituados a monopolizar el juego son capaces de jugar con un solo balón.

Pero más meritoria que la producción ofensiva de los Rockets fue su esfuerzo defensivo en el último cuarto, limitando a los visitantes a tan solo 17 puntos e impidiendo su remontada. El triunfo se recibió en el vestuario local como el refuerzo positivo que necesitaban para sentirse capaces de derrocar la tiranía de Golden State en la NBA. Eric Gordon lo vio así: «En ataque somos tan buenos como ellos, sin duda. Defensivamente son un equipo campeón, consistentes ganen o pierdan. Nosotros todavía tenemos cimas y valles que no podemos tener».

El pívot Clint Capela, en cambio, se vino más arriba: «Estamos confiados porque sabemos que si hacemos lo que se supone que debemos hacer, les vamos a ganar. Somos mejores que ellos». Chris Paul, sofocados los ecos de la pseudopelea contra los Clippers, también quiso ajustar cuentas en Twitter con los críticos que cuestionaban su convivencia con Harden, aunque borró su mensaje. Eso sí, no antes de que alguien hiciese una captura.

Esa última frase de Capela aún no se la cree casi nadie, pese al buen partido de Houston. Los Warriors tiene el mejor récord de la temporada regular (37-10), con 3,5 partidos de ventaja sobre los Rockets (32-12). No hace tanto que los de la ciudad espacial se mostraron endebles y hasta ahora solo un LeBron superlativo fue capaz de mellar a Golden State en playoffs, cuando se juega un baloncesto diferente que va a exigir un esfuerzo defensivo mayor de hombres como Harden o Ryan Anderson. Aun así, Kevin Durant fue elogioso con los aspirantes: «Son muy duros. Me gusta mucho este equipo, me gusta mucho su entrenador, tienen un buen público». Otros warriors como Draymond Green (¿quién si no?) prefirieron rebajar la euforia de los vencedores: «Es el partido cuarentayqué… ¿Siete, ocho? ¿Contra quién jugamos el martes? Solo nos toca prepararnos para Nueva York. Lo de la ventaja de campo (para los playoffs) se resolverá solo a lo largo del camino».

Green sabe que las eliminatorias serán otro cantar. Pero los Warriors ya han dejado a los Rockets oler la sangre.

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