Todo estaba preparado en el Quicken Loans Arena. La afición de los Cleveland Cavaliers tenía el confeti preparado para saludar a su ídolo local, esa especie de dios entre humanos llamado LeBron James, una máquina incansable de jugar al baloncesto y que necesitaba apenas 25 rutinarios puntos para alcanzar la increíble cifra de 30.000 en temporada regular. Sólo otros siete jugadores lo han logrado en la historia, uno de ellos todavía en activo, Dirk Nowitzki. Pero lo que parecía una noche preparada para la celebración de la carrera de una leyenda viva de la NBA se convirtió en pesadilla, por obra y gracia de los Oklahoma City Thunder. La victoria de los de Billy Donovan, por un abultado 148-124, expone en carne viva todas las heridas de los Cavs, que están fermentando una crisis importante que puede tener consecuencias en el cierre del período de traspasos y, sobre todo, cuando termine la temporada.

LeBron James tuvo uno de esos días. Tiene fama el siete veces finalista de la NBA de manera consecutiva de ser ciclotímico, con súbitos cambios de humor que en ocasiones descolocan a los que lo rodean. Ante los Thunder, y a pesar de oler un registro histórico que le sigue validando como uno de los mejores de todos los tiempos, empezó tibio, como no queriendo forzar las cosas, y después perdiendo balones impropios de él. Ni siquiera un espectacular alley oop completado en un contraataque con su amigo Dwayne Wade acabó de despertarle. Con el partido lejos del alcance de los Cavs y tras anotar 18 puntos, se quedó a 7 de los 30.000 tras no jugar apenas en el último cuarto.

Los Cavaliers están empezando a ver peligrar hasta su tercer puesto en el Este. Han perdido su quinto partido de los últimos seis. En el mes de enero han caído por márgenes entre los 24 y los 34 puntos ante Minnesotta, Toronto y ahora Oklahoma. Desde la inserción de Isaiah Thomas en el equipo, la defensa bajo sospecha de Cleveland ahora es la peor de la NBA. Su única victoria en las dos últimas semanas llegó de milagro ante uno de los tres peores equipos de la liga, Orlando Magic. Los rumores de traspasos se apilan en la cuestionada dirección deportiva de los Cavs desde el sorprendente despido de David Griffin. Su último duelo ante los Warriors fue descorazonador.

De todo eso se aprovechó Oklahoma City Thunder, cuyos titulares abusaron de manera casi indigna de los de los Cavaliers. Paul George abrumó a LeBron James en ambos lados de la cancha, Carmelo Anthony cuajó uno de sus mejores partidos desde su llegada, Russell Westbrook acumuló asistencias con naturalidad (aunque infló sus estadísticas con minutos innecesarios en el último período) y Steven Adams fue imparable en la zona. Entre los cuatro hicieron 113 puntos con porcentajes brillantes de acierto. Fueron los suplentes los que dieron momentos de esperanza a los Cavaliers, breves y estériles. La defensa de Cleveland sigue siendo un problema y la sospecha de que se reservan para los momentos de verdad empieza a no ser aceptada. Era la noche de LeBron James y en su lugar los Cavs encajaron su récord de puntos en contra, la misma cifra que en 1972 contra Philadelphia.

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