¿Quién querría vivir en Milwaukee? La ciudad del estado de Wisconsin, de medio millón de habitantes, es un lugar frío y húmedo, con temperaturas bajo cero, y que tiene como principal atractivo el paraje natural del lago Michigan. Aparte de eso, los únicos alicientes que acierta a destacar la Wikipedia son el museo de motocicletas Harley-Davidson y la tradición cervecera. ¿Quién querría vivir en Milwaukee entonces si no es un miembro de los Ángeles del Infierno? Pues cualquier entrenador de baloncesto del mundo. Porque hoy por hoy el mayor reclamo de la localidad mide 2,11 metros de altura, procede de Grecia, tiene 23 años y un porvenir inconmensurable. Se llama Giannis Antetokounmpo y desde el lunes ya no tiene quien lo entrene. Los Milwaukee Bucks despidieron a Jason Kidd y convirtieron a la urbe que los acoge en el destino más codiciado para cualquier técnico dispuesto a dejar huella en la NBA.

“Creemos que una perspectiva nueva y un cambio de liderazgo son necesarios para seguir elevando a nuestra talentosa plantilla al siguiente nivel, acercándonos más a nuestra meta de luchar por campeonatos”, explicó el general manager de los Bucks, Jon Horst. Si retiramos toda la ingeniería de relaciones púbicas que disfraza la verdad oculta en ese discurso, nos encontraremos con que el equipo flirteaba con el último puesto de playoffs (séptimo de la Conferencia Este con 24 victorias y 22 derrotas) pese a la acumulación de buenos jugadores: Giannis, Khris Middleton, Malcolm Brogdon, Jabari Parker, John Henson o el base Eric Bledsoe, uno de los traspasos del año en la liga.

Jason Kidd, base hall-of-famer y estrella NBA de las dos pasadas décadas, deja un récord de 139 victorias y 152 derrotas en tres temporadas y media como entrenador en Milwaukee, dos clasificaciones para la post-temporada y sendas eliminaciones en primera ronda. Deja unos resultados pobres para las expectativas de un equipo que se sabe poseedor de uno de los talentos diferenciales del baloncesto mundial en Antetokounmpo, un candidato a MVP llamado a ocupar el trono de LeBron James si continúa con su progresión actual. Deja también, aunque la nota de los Bucks no lo refiere, un vestuario algo cansado de su desempeño como coach. El suplente Sean Kilpatrick tuiteó coincidiendo con la noticia del despido de Kidd un revelador “¡DIOS, GRACIAS!”.

Quien no parecía descontento con el entrenador era, curiosamente, la estrella del equipo. Según contó el propio Kidd a Ramona Shelburne, de ESPN, Giannis se ofreció minutos antes de la comunicación oficial a salvar su empleo, ejerciendo el poder que le corresponde como jugador franquicia: “Me llamó y dijo, ‘Míster, no es correcto lo que están a punto de hacer, pero te van a despedir'”. Siempre según el relato del técnico, el jugador quiso llamar a los propietarios para frenar la decisión, pero él mismo lo hizo desistir de la idea: “No hay arrepentimientos. Cogimos una organización que estaba en un mal momento y la pusimos bajo el foco. Aún son jóvenes para correr su carrera. Giannis es joven para continuar con su nueva carrera como uno de los mejores jugadores del mundo”.

Los Bucks sentaron de manera interina en el banquillo al entrenador asistente Joe Prunty. Con él al frente y sin el concurso de Antetokoumpo, lesionado en la rodilla derecha, ganaron 109-105 a los Phoenix Suns. A estas horas habrán tenido que dejar el teléfono de las oficinas descolgado para que pare de sonar. Cualquier entrenador del mundo querría contar la posibilidad de moldear a The Greek Freak, un baloncestista con todo el potencial imaginable pero que, a diferencia de otros genios capaces de autogestionarse como Michael Jordan o LeBron James, aún es joven y receptivo para escuchar los consejos de alguien con más experiencia. Como hizo con Jason Kidd cuando este lo convenció de que, con su cuerpo de pívot, podía ser el base del equipo y hacer entradas a canasta en dos pasos desde la línea de tres puntos, una proeza que sigue asombrando como el primer día. Aunque solo sea por eso dan ganas de decir que Kidd sí hizo un buen trabajo en Milwaukee.

 

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