Una vez que el All-Star Game de la NBA ha perdido definitivamente el filo competitivo que llegó a tener hace décadas, cuando el orgullo de los grandes jugadores les hacía mostrar cierto interés en imponerse a sus rivales de conferencia, el aliciente de la fiesta anual de la liga estadounidense hay que buscarlo en otros lugares: quizás salga un buen concurso de mates o triples, quizás descubramos que algún famoso posee buenos fundamentos en el partido de celebridades, quizás algún jugador deje una acción memorable entre los 180 puntos que se anotarán libres de marca en el encuentro dominical… Lo que nunca falla y es garantía de entretenimiento año tras año, es el ego dolido de las estrellas que se quedan fueran de los elegidos para el Partido de las Estrellas que se celebrará el 18 de febrero en Los Ángeles. Vean si no a Andre Drummond, pívot de los Detroit Pistons, expresar su frustación en Twitter tras no entrar entre los 24 seleccionados: “Tenéis que estar de puta coña, me parto de risa”.

Drummond es una de las ausencias destacadas en la selección que realizan los entrenadores de la liga para acompañar desde el banquillo a los titulares seleccionados hace unos días con los votos de los aficionados. El piston puede sentir que Kevin Love, de los Cleveland Cavaliers le ha privado de un puesto que sentía suyo por derecho. Junto a Love, estarán representando a la Conferencia Este otros veteranos del All-Star, como Kyle Lowry, de los Toronto Raptors; John Wall, de Washington Wizards; y Al Horford, de Boston Celtics. Además, debutarán en el partido Bradley Beal, otro wizard; Victor Oladipo, de Indiana Pacers; y Kristaps Porzingis, de los New York Knicks.

Los reservas procedentes de la Conferencia Oeste serán el vigente MVP de la NBA, Russell Westbrook, de los Oklahoma City Thunder; Damian Lillard, de Portland Trail Blazers; LaMarcus Aldrige, de San Antonio Spurs; Draymond Green y Klay Thompson, de Golden State Warriors; y Jimmy Butler junto a su compañero en Minnesota Timberwolves y seleccionado por primera vez para el partido, Karl-Anthony Towns. Green y Thompson, junto con los titulares Stephen Curry y Kevin Durant, ayudan a su franquicia a establecer un récord de la NBA: los Warriors son el primer equipo que aportan cuatro jugadores al All-Star en años consecutivos.

Al verse fuera de esa relación de jugadores hubo quien, como el escolta de Los Ángeles Clippers, Lou Williams, hizo público su descontento. “LOL”, tuiteó de forma sardónica. Williams se veía entre los elegidos por sus descomunales actuaciones del último mes, en las que ha protagonizado exhibiciones anotadoras de órdago. Hay quien reclama la presencia de  Devin Booker, otro encestador prolífico en medio del desierto de Arizona que son los Phoenix Suns. A algunos sorprende el olvido de Paul George, el pegamento defensivo que sostiene a los Thunder, de Khris Middleton, inesperado baluarte de esos Milwaukee Bucks que buscan nuevo entrenador, o incluso del último asidero de Memphis Grizzlies, Marc Gasol.

Varios de los ignorados, sus compañeros de equipo y sus fans están expresando su malestar porque se les haya privado de una aparición en el All-Star Game, que siempre luce en el currículo de un jugador y puede suponer además una gratificación salarial. A todos ellos les queda esperar que una lesión abra una vacante en alguno de los dos equipos que, recordemos, en esta ocasión no representarán a las conferencias de la NBA. LeBron James, que acaba de superar los 30.000 puntos en su carrera, y Stephen Curry capitanearán sendos equipos para los que irán drafteando compañeros. Y como la liga americana es experta en producir relato, en pocos días podremos asistir a nuevos dramas, como saber si LeBron tendrá el valor de elegir para su banquillo a un tipo como Draymond Green, con el que se las ha tenido tiesas sobre la pista.

El espectáculo nunca se detiene en la NBA.