Doce malditos segundos. Quizás si el marcador no estuviese tan apretado no haría falta luchar así por aquel rebote en ataque cuando restaba solo una docena de segundos para que sonase la bocina final del partido. Pero DeMarcus Cousins saltó para atrapar el balón. Lo hizo porque quería ganar y porque se sentía implicado como nunca con su equipo. Saltó porque le gustaría que los New Orleans Pelicans renovasen su confianza en él. Pero también saltó porque iba a ser agente libre el próximo verano y podría optar al máximo contrato disponible en la NBA. Y en su arrojo para luchar por aquella pelota también pesó su nueva condición de titular en el All-Star Game, un estatus de megaestrella que hay que mantener con dedicación, peleando cada jugada. Así que DeMarcus saltó y ahora lo lamenta él y lo lamenta su equipo. Cuando cayó sintió un  latigazo. Era su talón de aquiles rompiéndose. Boogie se lesionó de gravedad y tardará entre seis y diez meses en volver a jugar al baloncesto.

Los Pellies ganaron 115-113 el partido a los Houston Rockets, pero habrían renunciado gustosamente a la victoria con tal de conservar a su pívot sano. Y es que ahora se abre un escenario de incertidumbre que podría condicionar el futuro a medio plazo de la franquicia de Luisiana y alterar el paisaje de toda la liga. Para empezar, las aspiraciones de playoff del equipo se ven seriamente dañadas. Aún mantienen el sexto puesto de la Conferencia Oeste con 27 triunfos y 21 derrotas, pero sin Cousins tendrán que suplir de algún modo la descomunal aportación del pívot: 25,2 puntos, 12,9 rebotes y 5,4 asistencias de media por encuentro esta temporada. Eso, sin embargo, es casi lo menos relevante.

Boogie actuaba como cebo para mantener contento a Anthony Davis. La Ceja, uno de los talentos más tremendos de la NBA, podría irse a otra franquicia en 2020. En Nueva Orleans tienen que demostrarle que son capaces de ganar partidos y de ser un equipo importante tras cinco campañas de resultados mediocres. Cousins ayudaba a eso. Sin él, los Pelicans pueden volver a perder y echarse a temblar mientras en otras ciudades comienzan a frotarse las manos. Davis, aun con su historial de pequeñas lesiones, sería una pieza cotizadísima para cualquier equipo con aspiraciones de ganar el anillo, un elemento capaz de alterar el equilibrio de poder en la competición.

Y después aparece también el futuro del propio Cousins. Con su carácter díscolo algo más controlado, estaba alcanzando su mejor versión a los 27 años de edad: una fuerza interior sin parangón en un baloncesto cada vez más inclinado hacia la línea de tres puntos. Junto a Davis había creado una sociedad demoledora e iba a jugar en el Team LeBron del All-Star Game. Pero las lesiones del tendón de aquiles son especialmente delicadas, más aún para un cuerpo tan pesado como el suyo. Si su recuperación no avanza conforme al mejor escenario posible, el contrato de 175 millones de dólares que tenía su nombre, bien en Nueva Orleans o bien en cualquier otro equipo, podría comenzar a perder cifras.

Por el momento, y para tranquilidad de DeMarcus y de los Pelicans, el hombre franquicia parece esperanzado con el futuro. Anthony Davis escribió en sus redes sociales: “¡Colega! Fue duro de ver, pero sé que vas a regresar más fuerte que nunca. Vamos a mantener esto por ti. #Pels #Hermanos”.