Pasar de vivir en Los Ángeles para irse a Detroit no debe de ser plato de buen gusto para nadie. Menos, imagino, si eres una estrella de la NBA y pasas de todo el glamour que desprenden los focos del Staples Center a la decadente ciudad del motor. La cara que se te habrá quedado al imaginarte como protagonista de esta historia es más o menos la que se le quedó a Blake Griffin hace unas horas, cuando le comunicaron que iba a ser traspasado de los Clippers a los Pistons en el primer gran bombazo del mercado.

Porque la franquicia angelina parece haberse arrepentido de retrasar lo inevitable y se deshacen así de su mejor jugador unos meses después de ponerle en la mesa un contrato de cinco años y 173 millones de dólares. Fue en verano, quizá por el despecho de la salida de Chris Paul a Houston, y Griffin tuvo un acto de renovación como que lo convertía en la cara de los Clippers.

Pero en la NBA nada es personal, sólo negocios. Lo que llevamos de temporada le ha servido a la gerencia californiana para darse cuenta de que con su actual plantilla, entre las más caras de la liga, no iban a pasar nunca de pelear por playoffs. Y han pasado la bola de demolición. Blake Griffin, Brice Johnson y Willie Reed por Avery Bradley, Tobias Harris, Boban Marjanovic y dos rondas del draft. O, lo que es lo mismo, flexibilidad para moverse a nivel salarial (Bradley será agente libre este verano) y opciones de reclutar jóvenes talentos para el futuro.

Otro al que seguramente le haya sentado regular este movimiento es a Deandre Jordan. Hace tres años tenía un acuerdo para irse a Dallas Mavericks, sólo faltaba la firma. Pero Chris Paul y Blake Griffin volaron hasta su casa en Houston para convencerlo de que renovase con los Clippers. Hoy, Jordan, sin duda el que menos etiqueta de estrella tiene de los tres, se queda sólo en Los Ángeles. Aunque quizá no por mucho tiempo. Primero porque termina contrato este año y, aunque el equipo puede renovarlo, todo hace indicar lo contrario. El proceso de reconstrucción no ha terminado y los directivos siguen buscando opciones de traspaso para deshacerse de todo lo que conlleve ataduras futuras. El pivot tiene mercado y su nombre ya se ha relacionado en más de una ocasión con los Cavaliers de Lebron.

¿Y los Pistons? Sería injusto no mencionar la estrategia de la franquicia de Detroit, que en este caso es la que se mueve por razones deportivas inmediatas, es decir, las que implican ganar ahora. Con Drummond y Reggie Jackson, da la impresión de que Van Gundy quiere una versión 2.0 del ‘Big Three’ que tenían los Clippers. Griffin ya ha demostrado que puede sobrevivir bien con un gigante en la zona, aunque habrá que ver cómo encuentran espacio para Reggie Jackson, un base muy diferente a CP3 (por no decir mucho peor). De todas formas, es innegable que se atan a estas tres figuras (todos con varios años de contrato comprometiendo gran parte del espacio salarial) con la intención de llegar lejos en una Conferencia Este en la que los Cavaliers parecen flojear y los Celtics no acaban de infundir el respeto que deberían en sus adversarios.

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