No es que Russell Westbrook no se mereciese el MVP de la pasada temporada en la NBA. Se trata de que James Harden se lo merecía más. Al menos así lo piensa una parte significativa de la prensa y la afición. El base de Oklahoma City Thunder protagonizó una egoísta carrera de acumulación de méritos que consistió en sumar un triple-doble tras otro, así tuviese que apartar a un compañero para rapiñar un rebote extra, hasta presentar una hoja de servicios incontestable. La intimidación estadística de Westbrook ocultó el hecho de que el aspirante de Houston Rockets había logrado algo semejante de forma más orgánica y con un récord de victorias mayor. Harden vuelve a estar este curso en la discusión para el premio al jugador más valioso y, para curarse en salud, ha añadido a su currículo algo que ni Russell ni ningún otro jugador había logrado jamás en la liga: un triple-doble de 60 puntos.

Los Rockets ganaron 114-107 a Orlando Magic en una noche histórica en la que La Barba batió el récord de anotación de la franquicia texana, los 57 puntos de Calvin Murphy logrados en 1978. Cuarenta años después Harden superó ese registro, añadiendo diez rebotes y once asistencias para completar un triple-doble inaudito en los libros de la NBA. La ficha de tiro del jugador californiano, que sumó también cuatro robos de balón y un tapón, apabulla: 19 tiros de campo convertidos de 30 intentados (63,3% de acierto); cinco de 14 triples (35,7%); y 17 de 18 tiros libres (94,4%).

Además de cuánto, con Harden siempre importa el cómo. Verlo anotar es uno de los mayores espectáculos que ofrece la competición. Por más que las repite, los defensores siguen siendo incapaces de detectar las fintas que el base ejecuta a toda velocidad y con unos cambios de ritmo que tienen al rival y al espectador en vilo. Resulta imposible predecir si tras uno de los botes entre las piernas va a salir como una centella hacia canasta buscando el contacto para arañar un tiro libre extra o si, como un resorte, se impulsará hacia atrás para descerrajar un triple delante de la mano del rival. Y además, todo es sustancia y nada es vacío. Si anoche se descorchó fue porque los Rockets lo necesitaron para ganar y mantenerse como el segundo mejor equipo de la NBA, con 36 victorias y 13 derrotas.

Por todas partes llovieron elogios a la exhibición de La Barba: tuits con mensajes de respeto por parte de su compañero Chris Paul y rivales como LeBron James o Dwayne Wade completaron la noche del otra vez aspirante al MVP. De entre toda la avalancha de publicaciones, dos tuits de periodistas son los que resumen lo sucedido en el pabellón de Houston: el que decía “Harden fue concebido en el videojuego NBA Jam” y otro que recordaba que, pese a los 60 puntos de anoche, el fenómeno había hecho partidos aún mejores el año pasado, cuando no recibió el MVP. Puede que ese error no se repita esta vez.