Cuando la temporada de la NBA apenas ha sobrepasado su ecuador, ya hay un titular de prensa que va a generar debate recurrente hasta el inicio del curso 2018/2019: “LeBron James escucharía a los Golden State Warriors si le pueden ofrecer el contrato máximo“. Lo cuenta en una noticia Chris Haynes, un periodista de la ESPN, citando a fuentes de la potente cadena de información deportiva que no revela. Lo dice empleando el modo condicional de los verbos en cuanto tiene ocasión (“escucharía”, “podría”, “sería”…), lo que convierte la posibilidad en algo parecido a una quimera. Pero lo hace también porque si hay alguna competición deportiva en la que cualquier cosa puede suceder, como que Kyrie Irving rechace jugar más con el propio LeBron, o que la estrella de los Clippers Blake Griffin acabe traspasado a Detroit Pistons poco después de renovar, esa es la NBA.

Ese escenario de James en los Warriors (que es algo así como si Bob Dylan se hubiese unido a The Beatles, o Luke Skywalker se hubiese aliado con las Fuerzas Imperiales) dejaría obsoleto el concepto super-team que se acuñó en los últimos años para referirse a los equipos que acumulan tres o más jugadores de primera fila: el mejor grupo de la liga unido al mejor jugador, al único que le hizo frente durante estas tres últimas temporadas, obligaría al comisionado Adam Silver a recapacitar y decidir si merece la pena disputar el título o es preferible entregárselo ya a los de Oakland. Ya ahora resulta difícil para el resto de franquicias competir con el equipo que la sagaz redacción de Medallista señaló como favorito indiscutible para el anillo (el resto de pronósticos cojean un poco, para qué mentir), como para aún por encima tener que hacerlo contra una apisonadora así.

Haynes, cuyos informadores a buen seguro proceden del entorno de King James, escribe que “por puro respeto a la cultura ganadora de los Warriors, los escucharía si Golden State explora formas de liberar el cupo económico necesario”. Lo que está claro es que el cuatro veces MVP va a escuchar ofertas como agente libre durante el verano. La posibilidad de quedarse en los Cleveland Cavaliers, se redujo una vez logró ganar el primer campeonato para la franquicia, más aún cuando su relación con el propietario no es buena y el equipo está cayendo en su rendimiento esta temporada. Hace tiempo que se especula con que su destino serán Los Ángeles Lakers, pero los púrpura y oro no ofrecen ahora mismo garantías para optar siquiera a los playoffs. Todo lo contrario que Golden State.

LeBron James prepara su retiro dorado (y púrpura) en los Los Angeles Lakers

Para acomodar a LeBron Steve Kerr tendría que despedirse de varias figuras de su roster. La noticia de Chris Haynes habla de una oferta a Cleveland que incluiría a Klay Thompson y Andre Iguodala. Al mismo tiempo, Kevin Durant debería reducir su salario y habría que buscarle equipo a Shaun Livingston: las gallinas que salen por el gallo que entra. “No hay ninguna señal de que Golden State esté evaluando esta posibilidad”, explica Haynes cubriéndose las espaldas.

Pero la cuestión principal radica en si existiría siquiera interés por parte de los vigentes campeones. Resulta muy difícil imaginarlo. El sistema de los Warriors se caracteriza por la versatilidad de todas sus piezas en ataque y defensa y el juego de pase, requisitos que LeBron James cumple mejor que cualquier otro jugador. Pero también exige el constante movimiento en cancha contraria para liberar a sus excepcionales tiradores. Ahí es donde James chirría, acostumbrado a ser la reina del tablero de ajedrez, una especie de quarterback de fútbol americano que se apropia del balón y decide en cualquier momento sobre la mejor acción. Así que un modo paradójico, aunque Bron Bron es mejor que Klay Thompson, quizás no sea mejor jugador para los Warriors que Klay Thompson.

Añadamos a todo esto que James es tan amigo de Kevin Durant como enemigo de Draymond Green y que a Adam Silver no le interesa que el poder de la NBA se concentre en un único y poderoso equipo, para convenir que por ahora Chris Haynes hace bien en usar el condicional: escucharía, podría, sería…

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