Kristaps Porzingis tiene cara de niño, al que además apodan Unicornio. Pero fuera de ese nombre ñoño y apariencia inocente, arde un fuego competitivo que ya le gustaría a su compatriota Kaspers Kampala, famoso por su violencia física dentro y fuera de las canchas. Y el volcán que hace fuerza para llenar todos y cada uno de los 220 centímetros de su longilínea anatomía puede amenazar el proyecto deportivo de los New York Knicks. Si es que esa frase tiene cierta coherencia: Knicks y proyecto deportivo. Porque Porzingis ha vuelto a dejar clara su postura: no piensa perder tiempo de su carrera sin tener un equipo ganador. Y no se calla cuando las cosas van mal. Por mucho que incluso él se deje arrastrar por la indiferencia en los segundos finales de un partido en el aire.

Kristaps Porzingis disparó a diestro y siniestro tras perder contra los Atlanta Hawks, y acumular apenas 7 victorias de los últimos 25 partidos después de que los Knicks arrancasen por encima del 50 % en el primer tercio de temporada. “Nuestra ejecución puede mejorar, obviamente. Básicamente estamos haciendo lo mismo una y otra vez. Quizás los rivales ya saben lo que hacemos. Si yo tuviese la respuesta, sería mucho más fácil. Pero no la tengo”, dijo Porzingis tras la derrota. Los Knicks, probablemente la franquicia de la NBA más disfuncional de la liga, se libraron de Carmelo Anthony al fin pero decisiones increíbles como el contrato gigantesco de Joakim Noah o de Tim Hardaway Jr., además de un histórico pésimo en los últimos años de producir en el draft, a través de traspasos y contratando agentes libres, hace que la plantilla neoyorquina sea un grupo de incoherencias pagadas a precio de lujo.

Y ya van unos cuantos años así. Apenas 3 veces de las últimas 13 se han metido en playoffs los Knicks, triturando por el camino millones y millones en salarios, entrenadores, mánagers generales, presidentes… Parecía que sin Phil Jackson las cosas volverían a una cierta normalidad, pero el hombre que escogió a Porzingis en el draft contra la opinión popular no era el único culpable de un caos que dura demasiado tiempo. El letón tuvo un encontronazo con el mítico entrenador metido a presidente de los Knicks, pero también con el actual técnico de los neoyorquinos, Jeff Hornacek.

Se suponía que era una tensión porque nadie le entregaba las llaves de la franquiia con la presencia de Carmelo Anthony. Ese camino quedo expedito con la salida de Melo a Oklahoma. ¿Ahora? “No sabemos acabar los partidos. No sabemos ganar los partidos al final. No estamos en ese punto como equipo. Seguimos perdiendo esos partidos”, atizó Porzingis. El letón no se corta y choca de forma frontal con Hardaway Jr., que se cree un jugador de élite con sus porcentajes y selección de tiro erráticos. El hijo del mítico base de los Warriors y los Heat se fue del vestuario antes de tiempo tras perder en Atlanta y no es la primera vez que le grita a sus compañeros y a su entrenador. Todo esto en el último año de contrato de rookie de Porzingis, que el verano siguiente será agente libre, aunque serán los Knicks quienes puedan ofrecerle la mayor cantidad de dinero por su nuevo contrato, que se estima en más de 200 millones de dólares. La duda es si el letón comprará vivir en la Gran Manzana y ser líder de un equipo aunque este se empeñe en tropezar en la mediocridad año tras año.

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