Aquellas y aquellos que sois asiduos a Medallista y os habéis leído algunas de las más de mil historias del deporte que ya hemos publicado, habréis detectado una tendencia bastante evidente: sí, nos flipa Ricky Rubio. Es un gusto adquirido que procede de una cierta sensación de padrinazgo, del hecho de haberlo acompañado como espectadores a lo largo de toda su carrera, desde su imberbe etapa de ídolo teen del baloncesto español, hasta esta fase de veterano barbudo, tatuado y apóstol del man-bun. Bastante nos hemos contenido esta pasada semana, no dedicando un artículo diario a la inesperada resurrección de los Utah Jazz, pero ahora que poseen la mayor racha ganadora de toda la NBA, somos ya como esta niña rubia que dice a cámara que Ricky es su jugador favorito. Y el nuestro, ricura, y el nuestro.

Ganar nunca es un problema, pero ahora mismo lo parece para los responsables de la franquicia de Salt Lake City. Hace menos de un mes toda la liga daba por hecho que los Jazz iban a agitar el árbol a causa de una temporada decepcionante, colocando a todas sus piezas excepto Rudy Gobert y el sorprendente rookie Donovan Mitchell (sustituto del lesionado Aaron Gordon en el concurso de mates) en el escaparate. Sí, incluso a Rubio. Pero de forma inesperada, o quizás espoleados por esa posibilidad, los de Utah han espabilado con seis victorias consecutivas, cinco de ellas lejos del estado mormón. La última, la de la pasada noche en Nueva Orleans, donde el base español amargó el estreno como titular de su compañero de selección Nikola Mirotic en los Pelicans. Ricky anotó 20 puntos y entregó 11 asistencias, pases que beneficiaron especialmente a Rodney Hood, artífice de 30 tantos, pero que también sirvieron para armonizar una brillante actuación coral (18 puntos de Ingles, 19 de Gobert y otros 19 de Favors). El marcador final, 109-133, es la mejor anotación de los Jazz en toda la temporada.

Ahora mismo los de Quin Snyder vuelven a estar en disposición de luchar por el último puesto de playoffs del Oeste, una frontera que marca precisamente su último rival. Utah suma 25 victorias y 28 derrotas, justo al revés que New Orleans. Los separan tres victorias y además los Pellies sufren aún por la lesión de DeMarcus Cousins. En la misma pelea se encuentran Los Ángeles Clippers, reconfigurándose tras darle pasaporte a Blake Griffin. Así que por ahí se abre un resquicio para los Jazz.

Los movimientos del cierre de mercado importarán mucho para definir la meta de una franquicia que imaginaba una nueva era ascendente hasta que Gordon Hayward eligió irse con Brad Stevens a Boston. Rubio lo sustituyó como prohijable chico blanco en el corazón de la afición, pero su rendimiento ha sido dispar. Al principio de temporada conocimos La Era del Ricky Metedor™ pero por el camino se extraviaron las mejores virtudes del base. Ahora estamos asistiendo a otra explosión anotadora de Ricky Rubio (34 puntos, su récord en la NBA hace dos noches ante San Antonio Spurs), pero en la que al menos no se olvida de pasar la bola. Por este camino sí podrá seguir dejándose crecer la melena en Utah.

 

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