De bases, Mike Conley, de Memphis Grizzlies; Jeremy Lin, de Brooklyn Nets; y Patrick Beverley, de Los Ángeles Clippers. De escoltas, Dion Waiters, de Miami HeatSeth Curry, de los Dallas Mavericks; y Andre Roberson, de Oklahoma City Thunder. De aleros, Kawhi Leonard, de San Antonio Spurs, y Gordon Hayward, de Boston Celtics. De ala-pívot, Jon Leuer, de Detroit Pistons. De pívot, DeMarcus Cousins, de New Orleans Pelicans. Hay un abundante backcourt disponible (al que se podrían añadir más nombres aún, como Thabo Sefolosa, de Utah Jazz, o Brandon Knight, de Phoenix Suns), para celebrar un All-Star de la NBA en la planta de cirugía de un hospital. Pero como se ve que faltaban hombres altos entre la larga lista de lesionados de gravedad esta temporada, la mala fortuna acaba de convocar a Kristaps Porzingis, la estrella de los New York Knicks, que se desgarraba anoche el ligamento cruzado de su rodilla izquierda en el aterrizaje de un mate delante de las narices de Giannis Antetokounmpo. Mientras descendía, el letón no imaginaba que aquella iba a ser su última canasta de la temporada y su último mate en muchos meses.

Los Knicks perdieron el partido (89-103), pero también mucho más que eso. Se quedan sin su mayor y casi único activo, sometido ahora a un largo proceso de rehabilitación de una lesión compleja. Se quedan sin el ídolo del Madison Square Garden y sin el faro alrededor del que intentar reconstruir un equipo ganador. Que tampoco es que con Porzingis estuviesen boyantes. El propio hombre franquicia comenzaba a mostrar ya su hartazgo con la falta de rumbo del equipo. Al menos ahora los neoyorquinos ya tienen una dirección clara: la reconstrucción. La temporada está tan perdida para ellos como el estreno en el All-Star Game para la esperanza rubia de la Gran Manzana.

Con solo 22 años, Kristaps Porzingis se había asentado entre la élite de la competición con 22,7 puntos; 6,6 rebotes; 2,4 tapones; y 1,2 asistencias de media por partido. Pero más allá de las estadísticas, son las reacciones a su lesión las que dan la medida del respeto ganado en menos de tres temporadas en la NBA. LeBron James, Dwayne Wade o DeAndre Jordan manifestaron en las redes sociales su pesar por la lesión, mientras que otros muchos declaraban su incredulidad por la plaga de traumatismos que está afectando este curso a figuras relevantes del torneo.

Pese a la fatalidad, el espectáculo sigue. En la misma noche y en el mismo partido en el que una estrella caía, otras ascendía por el aire haciendo lo nunca visto. Hay que frotarse los ojos para darse cuenta de que sí, de Antetokounmpo clavó un mate saltando por encima de la cabeza y dejando entre sus piernas los casi dos metros de estatura de Tim Hardaway Jr. I-love-this-game (a pesar de las lesiones).