Como cualquier miembro de una pareja tras una ruptura inesperada, Isaiah Thomas quiso hacerse el digno tras ser traspasado por los Cleveland Cavaliers en el loco último día de mercado NBA. El base, que en apenas unos meses ha pasado de ser una estrella de la liga a una ganga porque su contrato acaba a final de curso, se ciñó al tópico de despecho habitual: “Fue una sorpresa, pero al mismo tiempo estoy contento por empezar de nuevo”.

En una situación en la que contento y resignado podrían utilizarse como sinónimos, Thomas quiso ir un poco más allá y lanzó un atrevido mensaje recordando su llegada a Boston Celtics desde Phoenix Suns: “Me siento como cuando llegué a Boston. Un equipo joven que pensaba en reconstruir, pero nosotros teníamos otra intención y acabamos entrando en playoff. Ese es mi trabajo, aportar ese espíritu, ese fuego, esa mentalidad asesina y entender que podemos sacar ventaja de esta oportunidad. Se trata de ganar, se trata de ganar ahora“.

Puede que al pequeño gran anotador se le escapara un detalle sin importancia: Los Ángeles Lakers compiten en la Conferencia Oeste. Y eso quiere decir que las plazas para la lucha por el título están bastante más caras en el otro lado del país. Porque, sin ir más lejos, el conjunto californiano cayó la pasada madrugada ante unos Dallas Mavericks a los que concedieron demasiado. Tan demasiado como 130 puntos y un mate del eterno Nowitzki.

Fue el estreno de Isaiah con su nuevo equipo. Luke Walton convenció al base para salir desde el banquillo, al menos de momento, después de una breve polémica en la que su agente afirmó que de ninguna forma sería suplente. Lo fue, y lo hizo bien, anotando 22 puntos y repartiendo 6 asistencias. “Siento que he recuperado mis poderes”, sentenció tras el encuentro. Su aportación, junto a la de Randle e Ingram, los otros máximos anotadores del equipo, no fue suficiente y los Lakers vieron cómo se rompía una racha de cuatro victorias consecutivas.

Porque la franquicia de púrpura y oro va al alza, eso es indudable, pero ahora mismo todavía le queda mucho que remar para alcanzar el octavo puesto, ahora mismo en manos de los Clippers con seis victorias más. Isaiah Thomas dilapidó en 15 partidos con los Cavaliers todo el crédito que se había ganado en el TD Garden. Ahora, en otro templo mítico de la NBA como el Staples Center, debe volver a construir desde cero y con los pies en la tierra. Cuanto antes se dé cuenta de cuál es su sitio en la liga mejor será para él, y también para los Lakers.

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