Los Golden State Warriors están atravesando un bache de juego y de ejecución (defensiva, sobre todo) que ni las victorias abultadas sobre Dallas Mavericks y, especialmente, Phoenix Suns (129-83) han acabado de solventar. El primero que es consciente de que los nubarrones pueden ser persistentes es el entrenador Steve Kerr, afamado gestor de egos y lubricador del sistema de los dos veces campeones de la NBA. El exbase de los Bulls está considerado un tipo sensato y sencillo, que siempre ha atribuido sus éxitos en el banquillo a los cimientos puestos por su antecesor Mark Jackson y al talento de sus jugadores y del mánager general de los Warriors, su amigo Bob Myers. Por eso, muchos se resisten a ver un gesto de desprecio a los Suns el hecho de que, en medio de la paliza, le cediera la pizarra de entrenador a varios de sus jugadores para que dibujasen la estrategia.

“No he conseguido llegar a mis jugadores en el último mes. Están cansados de mi voz. Yo estoy cansado de mi voz. Creí que era una noche apropiada para sacarme un truco de la chistera y probar algo diferente. Y los jugadores respondieron bastante bien”, explicó Steve Kerr tras el partido, en el que Andre Iguodala y Draymond Green se sentaron en su silla en algunos tiempos muertos y dieron indicaciones al resto de sus compañeros. Green ni siquiera estaba activo esa noche, lesionado. La prensa que sigue a los Warriors explicó que Iguodala ya dirigió la sesión de tiro previa al choque contra los Suns, y que la sesión de vídeo táctica corrió a cargo del normalmente bromista y con problemas de concentración JaVale McGee.

Kerr explicó también que dio detalles al técnico rival, Jay Triano, sobre su decisión. “Noté que algunas de sus jugadas eran un poco mejor después de algún tiempo muerto”, bromeó el entrenador de los Suns. “No tengo ningún problema con lo que hizo Steve”, añadió a ESPN. La decisión es polémica porque los Warriors tienen fama de ser prepotentes y algo fantasmas desde algunos jugadores a, sobre todo, su clase dirigente y los fans que se han subido al carro. Al veterano y representante de la vieja escuela Jared Dudley, de los Suns, no le gustó nada el experimento: “Es una falta de respeto al rival, pero a lo mejor tienen razón en que no merecemos respeto, cuando nos meten palizas de 40 cada noche”. Su compañero y estrella de Phoenix Devon Booker lo vio de manera ligeramente diferente: “Seguro que muchos dirán que es una falta de respeto, pero creo que Steve Kerr es un tipo simpático y tiene ese tipo de relación con sus jugadores. Pero si no tuviese cuatro All-Stars, no lo hubiera hecho”.

¿Y los propios Warriors, cómo se lo tomaron? El más elocuente fue Omri Casspi, el israelí titular por las bajas, y que anotó 17 puntos. Draymond Green dibujó para él en un tiempo muerto una jugada rematada en alley oop. “Si fuera entrenador de verdad, lo despedirían por esa jugada”, espetó Casspi. Es el ambiente generado por una paliza de más de 40 en el que los Warriors jugaron a entrenarse a sí mismos. Para cabreo de media NBA.