La nueva generación respeta a sus mayores. Puede ser la lección que el comisionado de la NBA, Adam Silver, extraiga de este fin de semana de All-Star 2018 en Los Ángeles para convencerse de que la liga está haciendo las cosas bien y las estrellas de hoy se ven como herederas directas de las leyendas que los precedieron. Fue especialmente evidente en el sábado de concursos. El novato de los Utah Jazz Donovan Mitchell, redondeó la excepcional temporada de su debut, con la victoria en el de mates. Su último salto replicó uno de los famosos machaques de Vince Carter y para ello se vistió con la antigua camiseta número 15 de los Toronto Raptors. Por su parte, Devin Booker explotó en la final del certamen de triples con una anotación de 28 puntos y una velocísima técnica de lanzamiento que recordaba a Craig Hodges, tricampeón de la prueba en los años 90. Y Spencer Dinwiddie… Bueno, él no tuvo que recordar a nadie para vencer el concurso de habilidades, tan solo actuar conforme a la lógica que dicta que los bases y escoltas deberían tener más facilidades para driblar, pasar y anotar de tres que los pívots de la liga. 

El Slam Dunk Contest no estuvo a la altura de los protagonizados los últimos años por Zach LaVine y Aaron Gordon, este último lesionado y baja de última hora. Lo ganó Donovan Mitchell por regularidad y espectáculo de variedades. El concurso estuvo falto de brillo a causa de los numerosos fallos en el primer intento de los participantes. Victor Oladipo pifió el primero y en su segundo mate hizo promoción gratuita de la película Black Panther. Machacó con una máscara del superhéroe afro en la cabeza. Dennis Smith Jr. se tomó el concurso como quien pasaba por allí, pero aun así hizo quizás el mate más perfecto de la noche, una mezcla entre Carter y Gordon que no le bastó para llegar a la final.

A ella pasaron Larry Nance Jr., dispuesto a honrar a su padre, el primer ganador del premio en 1984, y el rookie de los Jazz. El nuevo alero de Cleveland se vistió como su progenitor para clavar un mate retro y en la final hizo lo que todo el público espera: un mate nunca visto. Nance Jr. lanzó la pelota al tablero y en su vuelo tuvo tiempo de agarrarla, volverla a lanzar para que rebotase y recogerla de nuevo para machar. Puntuación perfecta pero insuficiente para frenar el vodevil de Mitchell. El de los Jazz se disfrazó primero de Darrel Griffith, antigua estrella de Utah, y de Vince Carter en el último salto. Por el camino dejó un repertorio habitual de saltos por encima de gente, balones a tabla (uno lanzado a una segunda canasta) y una consistencia que no tuvieron sus rivales. Para él fue el título.

El certamen de triplistas descarriló nada más comenzar. Paul George, Kyle Lowry y Eric Gordon, el vigente campeón, entregaron dos puntuaciones pírricas que los eliminaron a las primeras de cambio. Ninguno de los participantes de la primera ronda olisqueó siquiera los 20 puntos. Entonces apareció Klay Thompson, el más solvente de los participantes de los últimos años y les enseñó cómo se hacía aquello y el respeto mínimo que merece una prueba que parece diseñada con tiradores tan naturales como el de los Golden State Warriors en mente. En la final, junto a él, estuvieron Tobias Harris, que jugaba ante su nuevo público de Los Ángeles Clippers, y Devin Booker, la solitaria estrella de los Phoenix Suns que cumplió a la perfección con su rol de asesino con cara de niño. Booker entró en trance y anotó 28 puntos en la final con una racha increíble de aciertos, fallando solo cinco balones (la mejor anotación histórica desde que se juega con un carro entero de valor doble). El reto para Thompson fue mayúsculo y aun así estuvo a punto de superarlo. Se quedó en 25 puntos y nos dejó a todos con ganas de que Booker y él repitan el próximo año. 

En el concurso de habilidades del All-Star 2018 se terminó el reinado de los hombres altos. La diversión, conforme a lo aguardado, la intentó poner Joel Embiid, pero sus artimañas no sirvieron para hurtarle el puesto en la final como representante de los larguiruchos al finlandés de los Chicago Bulls Lauri Markkanen. En el bando de los jugadores de backcourt estaba Spencer Dinwiddie, algo así como la figura de unos Brooklyn Nets que resultan ahora mismo el equipo más anónimo de la NBA. Si alguien se acordó de la extraviada franquicia neoyorquina durante este fin de semana de las estrellas fue gracias a él. 

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