Lo podíamos haber intuido en los últimos encuentros, justo después del cierre de mercado. LeBron James amenazaba con estar de vuelta. La gran revolución de los Cleveland Cavaliers había despertado al Rey, que por primera vez en su carrera estaba mostrando una apatía desconocida en un jugador de tal nivel competitivo. Las piezas vuelven a estar en su sitio y James, cuya ausencia siempre fue mental y no física, tiene la intención de ganarlo todo, incluso un All Star Game que gracias a su empeño recuperó el brillo perdido en los últimos años. MVP diez años después y victoria contra un Team Curry que lideró el marcador durante casi todo el encuentro, pero que no pudo contener el hambre de LeBron.

La NBA está de enhorabuena. Si bien es cierto que se lo han currado para mejorar un formato que parecía agotado, no era sencillo recuperar un partido que se había convertido en un mero concurso de triples y mates a reloj corrido. Eliminar la barrera de las conferencias y aumentar los incentivos económicos fue la chispa que necesitaba el evento. La gasolina ya era cosa de LeBron James. Como otras grandes leyendas en el pasado, su figura trasciende más allá a la de un simple jugador, tal y como demostró recientemente en una conversación con Kevin Durant en la que trataban diferentes temas sociales. Como embajador de la liga, también aseguraba que debían hacer algo por cambiar el All Star de la NBA.

Esas ganas contagiaron al resto de integrantes y se notó sobre todo en defensa. El primer cuarto terminó con un 41-32 y el marcador reflejaba al descanso un 76-78, mucho más cerca de lo que se puede ver en un encuentro normal y cifras en las que llegaban a moverse Warriors o Rockets en un día bueno.

Además de faltas duras y varios tapones, estrellas fugaces en este tipo de citas, el encuentro dejó también bonitas anécdotas. Como el homenaje de Anthony Davis a DeMarcus Cousins, jugando el primer cuarto con la camiseta del pivot lesionado de gravedad. O la amistosa charla de Durant y Westbrook, que, como si de la Navidad se tratase, siempre liman asperezas cuando se llega a este punto de la temporada.

La guinda a este exitoso All Star Game fue el final igualado que todos los aficionados llevaban años esperando. A falta de un minuto el encuentro estaba 144-144 gracias a un último esfuerzo en defensa por parte del equipo de LeBron James. A estas alturas del texto imagino que ya sabréis quién anotó la canasta decisiva. Exacto. El Rey rompió el empate y Westbrook puso la puntilla para el 148-145 final, que por cierto, y hablando de defensas, es la anotación más baja para un vencedor desde 2013.

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