A Dario Saric y Joel Embiid se les iluminó la cara con verdadera alegría cuando, entre el barullo de periodistas que rodean a los jugadores a cada paso que dan durante el fin de semana del All-Star, alguien les acercó un micrófono desde su misma estatura. El brazo que lo sostenía era el de un gigante rubio y barbudo, lleno de apostura que, de plantearse Marvel una continuación de la trilogía recién terminada, podría cumplir con el rol del superhéroe asgardiano Thor. El reportero era Tiago Splitter, su antiguo compañero en los Philadelphia 76ers que con aquellas entrevistas certificaba que su vida de jugador de baloncesto ha terminado

Splitter, el primer brasileño en proclamarse campeón de la NBA (con San Antonio Spurs en 2014), deja las pistas a los 33 años y tras poder disputar tan solo ocho encuentros con los Sixers la temporada pasada. El medio brasileño Globo dio la primicia de su adiós en una entrevista: “Voy a parar de jugar. Es una decisión que tomé en estos últimos meses. No es algo que yo quisiese, pero la lesión que tuve en la cadera está siendo más problemática de lo que pensaba. Es un momento difícil porque dejas de hacer algo que hiciste toda tu vida. Recuerdo estar en una pista de baloncesto desde que tengo conciencia. Lo hablé con mi familia, mi esposa, todo el mundo y, realmente, llegó el momento de colgar las botas”. 

La retirada del pívot se siente con igual pena en su ciudad natal de Joinville y en Vitoria. El Baskonia lo fichó siendo apenas un crío y lo hizo debutar en la Liga ACB española con tan solo 15 años. Con un par de cesiones a otro clubes vascos por medio, Splitter militó en el antiguo TAU Cerámica durante una década en la que adoptó también la nacionalidad española y fue parte esencial de un equipo histórico en el baloncesto español y europeo. De allí saltó a la franquicia que lo había drafteado en la NBA. Jugó un lustro a las órdenes de Gregg Popovich, que encontró en el brasileño un escudero joven e inteligente que situar a la vera de Tim Duncan. Splitter vivió la decepción de las finales de 2013, cuando LeBron James le colocó un tapón monumental. A la temporada siguiente los Spurs se tomaron la revancha sobre Miami Heat y Tiago se cobró la suya particular mandando al suelo a Dwayne Wade con otra chapa estratosférica. 

Con el anillo de campeón en la mano, San Antonio inició una transición y Tiago tuvo que salir para hacerle hueco a LaMarcus Aldridge y Pau Gasol. Jugó en Atlanta Hawks, pero los achaques comenzarían a menguar su importancia en el paisaje de la NBA. Su lesión de cadera le impidió estar al frente de la selección de Brasil en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Intentó volver a disfrutar del baloncesto en Philadelphia pero acabó relegado a su equipo de desarrollo. 

Splitter intuía que el final estaba cerca y buscó algo que hacer: “Estudié periodismo en un curso de la asociación de jugadores de la NBA, voy a hacer uno de negocios en Harvard. Hice varios campus, entrenando niños, hice un poco de scouting. Hace un año que estoy probando cosas nuevas y el lado de la prensa es muy interesante…”. Parece que por el momento se ha decidido a cambiar la pelota por el micrófono. Él era el periodista más imponente durante el fin de semana del All-Star Game de Los Ángeles y el producto de su trabajo se puede ver ahora en su propio canal de Youtube. El de su vida anterior, en las vitrinas de trofeos. 

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