“Era una auténtica casa de animales. Y digo era porque ya no estoy allí. Estoy segura de que sigue pasando lo mismo”. Estas son las terribles declaraciones de una ex empleada de Dallas Mavericks a la publicación Sports Illustrated, que han destapado el mayor escándalo sexual que se recuerda en la NBA. Es el testimonio de una persona. Pero podría haber sido otra. U otra… Y así hasta sumar las decenas de declaraciones recogidas por la investigación de la revista, que dibujan un ambiente tóxico y misógino liderado por el que fuera presidente de la franquicia texana durante casi dos décadas, Terdema Ussery

El reportaje incluye algunas de esas situaciones que revuelven el estómago. Por ejemplo, el caso de una chica que recibió un claro aviso cuando comentó a algunas de sus amigas que había sido contratada por los Mavericks: “Ten cuidado con el presidente, no te montes en el ascensor con él”. Poco después, cuando esta trabajadora cenaba en el pabellón de Dallas, Ussery se sentó junto a ella y, sin ningún reparo ni conciencia, le espetó: “Te van a hacer un gang bang (violación grupal). ¿A qué sí?”. La chica respondió que iría “al cine con unas amigas”, pero el presidente de los Mavericks no se rindió y aseguró que le harían lo otro…

Es tan solo una de las barbaridades que se permitía Ussery, según la publicación estadounidense. A una empleada la presionó para que rompiera su matrimonio, a otra le puso la mano cerca de la ingle cuando ambos se encontraban en su despacho y una chica resumió el ambiente laboral en los Dallas Mavericks como “una cultura corporativa plagada de misoginia y comportamiento sexual vejatorio”. El ex presidente, por su parte, abandonó la franquicia en 2015. 

Dallas ha reaccionado al escándalo con un comunicado en el que anuncia una investigación independiente sobre el asunto. Pero su propietario, Mark Cuban, prefirió actuar sin esperar. El excéntrico y popular dirigente fulminó al responsable de Recursos Humanos, Buddy Pittman, y al editor de contenidos digitales, Earl Sneed (denunciado por maltrato a su mujer, a la que llegó a fracturar una muñeca). “Es horrendo. Desde que empezó el movimiento #MeToo, pregunté varias veces a Pittman: ¿Hay algo que deba saber? ¿Tenemos algún problema? Y su respuesta fue que no”, explicó Cuban.

Los empleados que escapan al asunto son los jugadores. “Trabajaba con ellos todo el tiempo y ellos sabían tratar a la gente. Luego ibas a la oficina y te encontrabas con ese zoo, con ese show de mierda. Con los deportistas me relajaba, pero la cosa empeoraba cuando volvía a mi escritorio”, detalló una trabajadora. Otra mujer añadió: “No me sentía segura yendo a trabajar. Luego nos preguntamos por qué no hay más mujeres en el mundo deportivo…”. 

¿Y Ussery qué dice? Pues lo niega todo: “Durante mi carrera en los Dallas Mavericks, mi conducta fue íntegra y empática con mis compañeros. Estoy muy decepcionado por las fuentes anónimas que han realizado estas acusaciones falsas contra mí”. Pero tanto Dallas como la NBA indagarán en el asunto. Faltaría más.