Stephen Curry vivió un All-Star regulero. No tuvo una actuación brillante en el partido de las estrellas, y su mejor momento de la noche fue cuando las cámaras le pillaron comiendo palomitas en el banquillo. Además, el equipo que capitaneaba perdió ante el liderado por LeBron James. Por eso cualquiera diría que el base de los Golden State Warriors tenía ganas de volver a la acción. Y ante los Clippers, Curry se salió con 44 puntos y 10 asistencias en la victoria de su equipo 134-127. El caso es que los Warriors necesitaron cada uno de esos puntos y de esa generación de juego de Curry para superar a los angelinos. 

El regreso de la NBA tras el parón por el All-Star tiene en la figura de los Warriors una de las tramas más interesantes. Los vigentes campeones y unánimes favoritos vienen de una racha de juego (y algunos resultados) preocupante, sobre todo en defensa. Y ante los Clippers volvieron a quedar de manifiesto: el pestoso equipo de Doc Rivers, competitivo a pesar de haber perdido a Chris Paul y a Blake Griffin, y recuperadas las lesiones del 70% de su plantilla, reaccionó tras un primer cuarto flojo y puso contra las cuerdas a los Warriors en el último período. Liderado una vez más por Lou Williams, que esta vez no pudo hacer 50 puntos pero sí fue punzante en la segunda parte del encuentro.

Curry hizo 8 triples, dos de ellos en el tramo final del partido además de una asistencia decisiva para otro triple de Kevin Durant. Fue el factor decisivo para los Warriors, que tiraron de manera excepcional (62% en tiros de campo, 56% en triples) pero que volvieron a sangrar puntos en defensa. Steve Kerr, consciente de que necesit encontrar alguna solución, situó a JaVale McGee como titular en lugar de Zaza Pachulia,  y volverá a hacerlo en el próximo partido, ante Oklahoma City Thunder, un verdadero test de estrés para los Warriors. “El tío de las estadísticas no tuvo un parón por el All-Star. Miramos millones de números. Y el más sorprendente es el de los primeros 5 minutos. Exactamente el mismo quinteto que el año pasado, pero la defensa es completamente diferente. Simplemente creo que es cuestión de esforzarse más”, espetó el técnico antes del partido.

Los jugadores de los Warriors parecieron recoger el guante porque apenas permitieron 23 puntos en el primer cuarto, el talón de Aquiles de Golden State esta temporada. Pero a partir de ahí, de nuevo la relajación: pérdidas absurdas, aportación sospechosa de suplentes, fluidez escasa en algunos momentos en la circulación de balón… Lo acabó solucionando Stephen Curry con una noche mágica que incluyó uno de sus ya míticos tiros sobre la bocina desde medio campo. Pero los Warriors necesitaron exprimir la magia de Curry hasta el final, usando dobles bloqueos para liberarlo, forzando el cambio de DeAndre Jordan sobre él, conscientes de que si no metía esos 44 puntos, los Clippers podrían ganar por segunda vez consecutiva en el Oracle. Los síntomas siguen estando ahí, al menos en defensa.

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