Hay mil razones por la que un equipo no cumple las expectativas a lo largo de una temporada. Mala respuesta ante la presión, que las propias expectativas sean exageradas o, algo muy extendido en la NBA, malas relaciones entre compañeros. Lo que los americanos denominan como química, o en este caso, la ausencia de la misma, puede ser lo que estaba provocando el decepcionante año de los Washington Wizards, que un curso más parecían estancados en la mediocridad a pesar del bajón de nivel de la Conferencia Este.

La franquicia capitalina deambulaba por la liga sin pena ni gloria y con amenaza de complicarse incluso los playoff. Hasta que todo cambió hace unas semanas. John Wall, estrella del equipo, se lesionó en la rodilla izquierda y tuvo que pasar por el quirófano para someterse a una artroscopia. Desde entonces los Wizards han disputado 12 encuentros y han ganado nueve, el último la pasada noche ante unos Philadelphia Sixers que llegaban lanzados.

¿Cómo puede explicarse que un equipo mejore tanto de la noche a la mañana tras perder a su mejor jugador? Seguramente haya más de un factor, pero lo que está claro es que el funcionamiento de los Wizards durante este mes de febrero no hace más que alimentar la fama de mal compañero que tiene John Wall.

Es una verdad que siempre ha estado latente desde su llegada a la NBA. Su ego le hizo tener varios enfrentamientos con Bradley Beal tras su primer año juntos y apenas unos días después de esta última lesión tuvo un encontronazo verbal otro compañero, esta vez el veterano pívot polaco Marcin Gortat, que tras el tercer triunfo consecutivo sin el base escribió en Twitter: “Gran victoria de equipo”. La respuesta de Wall no fue conciliadora, precisamente: “Es más que sorprendente que él diga eso, teniendo en cuenta que yo le doy la mayoría de asistencias y son las canastas más fáciles de la historia“.

Pero el mal ambiente generado en el vestuario wizard no se le escapa a nadie en la liga. Ni a la prensa, ni, por supuesto, a otros jugadores, como dejó caer JJ Barea hace unas semanas. Tras un encontronazo con Wall, el portorriqueño, al que precisamente se le conoce por su buen trato con compañeros y rivales, le lanzó un dardo envenenado: “Él antes no era así, seguramente ha cambiado. Así que ahora ya hay alguien en la NBA que no me gusta. Es el primero. De todas formas no creo que le guste a sus compañeros, así que no es nada nuevo para él”.

Sea cual sea el motivo, los Wizards no sólo están ganando, sino que están haciendo un gran baloncesto. La circulación de balón ha mejorado y el número de canastas tras asistencia se ha multiplicado. Uno de los grandes responsables de esta mejoría es el checo Tomas Satoransky, que está cumpliendo a la perfección el papel de director de orquesta y por fin ha encontrado su sitio en la NBA. Todo son ventajas hasta el momento sin John Wall y la única pregunta que cabe hacerse seguro que es la que nadie en la gerencia de la franquicia quiere hacerse: ¿Qué pasará cuando regrese?