La NBA es ese lugar maravillo donde el hasta hace unos meses hazmerreír de la liga durante los últimos cinco años, puede permitirse soñar con fichar al mejor jugador del mundo y uno de los mejores de la historia. Porque de momento es sólo un sueño, pero Philadelphia 76ers ha decidido hacerlo a lo grande y está poniendo toda la carne en el asador para seducir a LeBron James, que será agente libre este verano.

No se trata tanto de un movimiento por parte del equipo, eso sería ilegal, sino más bien una ciudad entera la se ha entregado a la causa. Y, como no, los primeros que tienen que poner de su parte son los jugadores. La pasada madrugada cumplieron, con Joel Embiid y Ben Simmons liderando el triunfo de los Sixers frente a unos Cavaliers que, superará ya la ilusión post cierre del mercado, vuelven a ser un equipo vulgar y muy irregular.

Nada pudieron hacer a pesar de una nueva exhibición de LeBron, que se encargó de mantener a los suyos en el encuentro por más que los Sixers seguían anotando con fluidez. JJ Redick castigó siempre desde el perímetro, mientras que el pivot camerunés capturó todo balón que pasaba cerca de la zona. Terminó con 17 puntos y 14 rebotes, a los que añadió seis asistencias.

De todas formas, su trabajo más importante no salió en la tabla de estadísticas. Porque en una semana en la que hasta las empresas de la ciudad han comenzado a hacer presión para que LeBron elija Philadelphia (grandes vallas publicitarias incluídas), Embiid también quiso poner de su parte para que el Rey se rinda a The Process.

Durante varias fases del encuentro se vio a ambos bromeando y con gestos de complicidad, lo que ha servido para alimentar las ilusiones de cientos de aficionados. Esta relación en la cancha llama la atención por dos cosas. Primero porque el humor de LeBron James no suele ser el mejor cuando pierde, pero también porque lo que se ha visto del camerunés hacia sus rivales hasta ahora ha sido más trash talk que gestos amistosos.

Es complicado saber lo que pasará este verano y no han sido pocos los rumores que han rodeado la figura de James esta temporada. Nunca ha querido mojarse, mostrándose siempre centrado en llegar lo más lejos posible con los Cavaliers. Pero ya tiene 33 años y, por muy duro que fuera volver a dejar su ciudad, puede que LeBron se lo plantee si la temporada termina con un descalabro que, ahora mismo, no parece estar demasiado lejos.

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